Gustavo Kuerten

“O Rei Gustavo Kuerten”

A Gustavo Kuerten muchos lo recordaran por aquel dibujo que hizo al ganar Roland Garros. Con su raqueta dibujó sobre la arcilla un corazón gigante que describía el idilio que vivía con el siempre exigente público parisino. Gustavo se retiró en 2008, aunque fue en el 2004 cuando ganó su último torneo. Aquel tenista rubio con pelos rizados y equipación llamativa de la firma Diadora, cautivaba a todo el mundo por su simpatía y sencillez. Su juego era cuanto menos curioso, sus golpes eran de un recorrido muy largo, jugaba muy profundo y acompañaba cada golpeo con un grito largo como nunca se había oído en una pista de tenis, todos sabemos que los gritos de los tenistas son por el esfuerzo, pero el de Kuerten alimentaba y alimenta  aquellos debates que consisten en ponerlo en duda.

La forma de jugar de “Guga” parecía hecho a medida para la tierra batida, patinaba muy bien en cada golpe, llegaba bien con sus piernas espigadas y definía muy bien cada golpe después de plantarse perfecto de pies. Conseguía una velocidad de bola alta por la época en se encontraba el tenis y poseía también un buen físico. Si bien su saque no era lo mejor de su repertorio, sus profundos golpes con altas dosis de peso de bola le hacían un jugador dominante, sobre todo en tierra batida.

Justamente el primer Grand Slam conseguido por “Guga” fue el detonante de la caída de otro grande de Roland Garros, Sergi Bruguera. Guga no dió ninguna oportunidad al bicampeón catalan y le endosó un 6-3 6-4 y 6-2 sin paliativos. El brasileño llegaba a la final de París como nº 66 del Ránking de entradas de la ATP, y saldría de la Philippe Chatrier como nº 15 un par de semanas más tarde, dotando a la ATP de aire fresco con su aparición. Para más sorpresa ese era el primer título en la carrera de “Guga”

La carrera de Kuerten sólo queda machada por las lesiones, y es que le marcaron mucho en toda su carrera profesional. No fue hasta un año después de derrotar a Bruguera que consiguió otro título ATP; en el 98, ganó Stuttgart y Mallorca y en el 99 Montecarlo y Roma, dos de los históricos torneos de tierra de siempre. El 2000 fue otro año clave en la carrera de “Guga” y de toda su “torcida” brasileña. Es necesario reseñar que para un país como Brasil Kuerten se estaba convirtiendo en un fenomeno de masas. Ganó Santiago de Chile y Hamburgo antes de volver a coronarse campeón de Roland Garros por segunda vez, tres años más tarde de su aparición al top tenístico volvía a ser París quién le diera la gloria. En esa final derrotó a Magnus Norman, actual preparador en el circuito de Robin Soderling, 3 sets a 1 y segunda copa de los mosqueteros en su palmarés.

El juego de Kuerten tenía magia, la magia de jugar una bola profunda combinada con una dejada con efecto, al tener un golpe tan largo y con tanto recorrido, por poco que fintara un golpe profundo se sacaba unas dejadas para el recuerdo. También abría muy bien los ángulos con su revés y tenía potencia con el drive. Sus buenos movimientos de pies le ayudaban mucho.Una de las características curiosas del juego de Kuerten es que pegaba la bola bastante de caras, cuando la teoria siempre dice que hay que pegar de lado, de hecho todo su juego era característico y gratamente diferente hasta entonces.

El año 2000 le guardaba una sorpresa al bueno de “Guga”, conseguiría alzarse con el título en el Masters Cup de Lisboa, ganando a todo un histórico, André Agassi. Era un título que demostraba que no sólo sabía ganar en arcilla si no que en dura y rápida como era el carpet de lisboa también podía dar que hablar. El título del Masters venía precedido de Indianápolis (cemento). Además a finales de este mismo año conseguía el nº 1 del mundo, otro bien merecido galardón.

La carrera de Kuerten no paraba, esta vez respetado por las lesiones consiguió afianzarse tras el exitoso 2000 y antes de Roland Garros se adjudicó Buenos Aires, Acapulco y repetiría en Montecarlo. Volvía París, volvía el idilio con la Philippe Chatrier, y otra vez dibujó el corazón para agradecer las muestras de cariño recibidas por el publico francés. Un vez más se cruzó con el camino de un español, otro histórico que a la postre no conseguiría ganar Roland Garros, Àlex Corretja. Si bien el catalán consiguió adjudicarse el primer set en el tie-break, Kuerten cerró el partido con 7-5 6-2 y un doloroso 6-0 en el último set. La historia estaba escrita, Roland Garros por partida triple. Corretja no supo como parar el vendabal de piernas, potencia y consitencia del brasileño y sucumbió contra un histórico de la tierra batida. 2001 lo cerró ganado Stuttgart y Cincinnatti.

A partir de ahí empezó la caída, los problemas de espalda se hacían mayores y si bien se jubiló del circuito en 2008, las cosas pasarían a ser diferentes en cuánto a ránking y resultados. En 2004 ganaría su último título en su país, Costa do Sauipe. Él siguió intentando volver, y el juego lo tenía, pero el físico no respondía hasta que decidió retirarse. Quedó muy tocado por la prematura retirada, pero por lo menos su tenis le dió la gloria. En la actualidad Bellucci intenta recojer el testigo de su compatriota, aunque la tarea sea complicada.

Gran parte de los éxitos económicos de Gustavo Kuerten han sido y son destinados a una fundación para personas deficientes psiquicas, enfermedad que padece su hermano, y Guga siempre ha estado muy volcado por la labor. Cuando uno habla de Kuerten recuerda sus éxitos deportivos, pero su sonrisa y  su empeño pese a las lesiones y los malos momentos son dignos de elogio.

Guillem Paranols

 

 

 

Goran Ivanisevic

Goran Ivanisevic, quizá uno de los mejores sacadores que hemos visto, el hombre que impactó en los 90 con aquellos saques superiores a 200 km/h los cuáles eran inéditos por aquel entonces. Pero si bien el saque era el elemento más característico de este croata de corazón, Ivanisevic marcó una época en otras facetas tenísticas mezcladas con anécdotas extradeportivas fruto de su fuerte carácter. Si hay algún torneo que resume a Goran, no es ni más ni menos que Wimbledon, considerado el más grande entre los grandes. Recordar azañas en All England Club es recordar a Ivanisevic.

Nacido en Split en 1971, este larguirucho de 193cm. empezó su andadura profesional en 1988 y la finiquitó en 2005. Son muchos los éxitos de Goran en el circuito profesional, apoyándose en un gran servicio y con un timing perfecto para acercarse a la volea. Allá por 1990 se dio a conocer eliminando nada más y nada menos que al mismíssimo Boris Becker en la primer ronda de Roland Garros En ese partido se empezaba a gestar lo que sería un gran campeón. El destino volvió a unir a estos dos jugadores esta vez en Wimbledon, curiosamente en la superficie que a la postre sería la preferida del jugador croata, y fue ahií dónde Becker quince días después de sucumbir en Roland Garros le devolvería la moneda eliminandole en semifinales. En1990 el mundo del tenis descubría a un jovencíssimo croata sin complejos que se plantaba en unas semifinales de todo un Wimbledon.
Becker le auguró un gran futuro, cuando en unas declaraciones se mostró convencido que aquel gran sacador sería algun día campéon de Wimbledon.

Su participación en el circuito se podía resumir facilmente: Ace (saque directo). Eran decenas y decenas los que conseguía, y es que ver a un jugador sacar a 200km/h en 1990 no era tan común como en la actualidad, de hecho era toda una noticia. LLegó al año siguiente la temporada de hierba, ganó en Machester a Pete Sampras y parecía que Goran podía volver a hacer un buen papel en Wimbledon, pero esta vez la eliminación fue prematura alcanzando sólo la segunda ronda. Era joven todavía pero esta eliminación empezó a mostrar su cara más amarga fuera de las pistas.

Llegó 1992, 4 títulos ATP y dos medallas de bronce en las recordadas olimpiadas de Barcelona, un vagaje exelente en general. Pero volvió su torneo particular, Wimbledon, y Goran Ivanisevic en una nueva demostración de poder en el servicio, un buen revés cortado y unos digníssimos reflejos en la volea se planta en la final contra André Agassi, también inédito en finales de Gran Slam. La relación de amor y odio con el césped inglés continua, la final era un gran resultado pero sucumbe en manos de un Agassi que abriría su currículum de Grand Slam. Fue un exelente resultado y la edad seguía siendo su mejor aliada para conseguir el sueño de ganar el torneo algún día.

Tres títulos fue los que consiguió Goran Ivanisevic en 1993, un tenista ya consagrado,con un patrón de juego muy definido. Sorprendentemente este año ganó un torneo en tierra batida y la progresión era perfecta. Llegó 1994, y en la quincena de la hierba de Wimbledon su saque volvía a dominar, se volvió a plantar en la final y esta vez fue otro americano el que se cruzó en su camino, otro nombre ligado para siempre con Wimbledon, Pete Sampras, que dejaba a Goran a las puertas del título por segunda vez. El tenis estaba cambiando, las raquetas despedían demasiado y el servicio se había convertido en una arma tan letal que en torneos como Wimbledon parecía que los especialistas con un sólo golpe se aseguraban las últimas rondas. Fueron semanas de controversia después de esa final con cantidad de aces y sin rally alguno. El tenis estaba cambiando y los “pegadores” habían llegado, atrás quedaban los puntos largos, los cortados infinitos y la magia de una pelota suave pero alegre, ahora la potencia destruía esa belleza. Sea como fuere, las dos finales perdidas empezaban a pesar en un Goran capaz de lo mejor y lo peor dentro de la pista.

Ese americano llamado Pete con un saque perfecto, si, el saque de Pete era perfecto por mucho que algunos aseguren que la perfección no existe, se volvería a cruzar en su camino una y otra vez, en esta ocasión fue en otras semifinales, lo llevó a 5 sets, lo tuvo pero volvió a naufragar con el que sería uno de los mejores jugadores de siempre (1995).
Goran no desistía, bien es cierto que tambíen tenía su cara oscura dentro de la pista fruto de su fuerte carácter y nos sorprendía a menudo con derrotas increíbles, derrotas que jamás nadie hubiera apostado pero que incompresiblemente se producián debido a una mala gestión mental. Crecían dudas sobre su solvencia en los torneos grandes, sobre momentos claves de la historia que no consguía escribir con final feliz. 1996 le dió 5 títulos y unas semifinales en Us Open, derrotado por su bestia negra, quién si no, Pete Sampras.

La evolución seguía, los años seguían pasando, los títulos caían, aunque bien es cierto que quizá la mayoría eran “menores” y el Grand Slam se resistía y de que manera, 1998 le llevaba a su templo favorito, otra final en el césped londinense, la central del All England club con toda su historia recibía a dos tenistas que en esa época la estaban escribiendo. Otra vez Pete, su bestia negra, 5 duros sets, 6-2 en el quinto y el sacador croata, el joven semifinalista en 1991 se convertía en el eterno perdedor. Ya eran tres las finales perdidas, más otras tantas primeras rondas y semifinales, justo en la superficie que más encajaba en su juego recíbia decepción tras decepción. También era verdad que se había encontrado con una leyenda como Sampras, pero fuera como fuera él no lo consguía y los años se le echaban encima. Quedaba lejos, sus fans se podían agarrar a aquello de haber topado con Pete, pero si no era Pete era Becker, y si no Agassi y si no las dichosas primeras rondas pero ese servicio supremo no conseguía hacerse valer.

Llegó la oscuridad en la carrera de Goran, perdía posiciones en el ránking, no encontraba el juego, esos partidos en los que se borraba se hacían cada vez más frecuentes y recordando las duras derrotas, una tras otra, de wimbledon nada hacía suponer que el croata consiguiera reinar en All England Club.

En 2001 y en el puesto 125º del ránking ATP, Wimbledon le otorga una Wild Card para participar en el torneo londinense, lo que todo parecía una especie de homenaje para despedirse de un jugador importante en la historia del torneo se conviertió en una de las alegrías más grandes que ha cosechado el deporte croata a hasta el día de hoy. Primera ronda un jugador procedente de la previa, segunda ronda un Charly Moyà en alza, tercera ronda un joven Andy Roddick, octavos de final un poderoso Greg Rusedski, otro de los eternos sacadores. Y en cuartos de final esperaba Marat Safin. Haber conseguido llegar a esa ronda ya era una gran noticia para el aficionado, pero el sueño no terminó en la eliminatoria contra el ruso, y Goran se plantó en semifinales diez años después de conseguirlo por primera vez. Las semifinales se perfilaban complicadas contra el entonces héroe local Tim Henman, pero lo derrotó en cuatro sets y se plantó en la que sería una de las mejores finales vistas en la hierba inglesa. Goran estaba lanzado y todos sabemos la presión de Tim jugando en su casa, la presión de que no ha habido ningún jugador de Gran Bretaña que haya conseguido conquistar Wimbledon después del legendario Fred Perry.

Llegó el día soñado, el eterno sueño volvía a estar cerca pero quedaba una batalla muy dura contra un jugador quién hizo del patrón de juego saque-volea un arte difícil de olvidar para quién tuvimos la suerte de verle jugar.

6-3 / 3-6 / 6-3 / 2-6 / 9-7. Goran Ivanisevic no va a olvidar nunca este resultado, en una final antológica contra Pat Rafter, derrochando poderío al servicio y unas exquisitas voleas por parte de los dos jugadores, Ivanisevic y Croacia al fin consiguieron grabar su nombre en letras de oro en el cuadro de ganadores del más grande entre los grandes, Wimbledon. Atrás quedaban Agassi, Becker, Sampras, esas derrotas en las primeras rondas con desconexiones impropias de un jugador de su talla, atrás quedaba aquel Goran derrotado. Al fin consiguió lo que en su día el mismíssimo jugador alemán vaticinó. La imagen rezando de un Ivanisevic concentrado tras lograr bola de partido resume lo que significaba para él toda esta historia contada.

Un último juego para la historia.

Guillem Pararols