Froome conquista el Olimpo

Empezar por el Tour de Francia siempre tiene que ser un acierto. Pocas cosas son más clásicas en el caluroso julio que la serpiente multicolor del Tour de Francia. Unos lo ven entre helados y postres, otros lo utilizan para hacer la siesta, los menos, y algunos fanáticos como yo mueren y vibran desde el sofá, desde una silla o desde el trabajo a hurtadillas. Lo primero siempre es lo primero.

Se presentó la cita del 2013 como un cara a cara entre Alberto Contador y Chris Froome, pero el envite nunca llegó a producirse de verdad. El británico fue un ciclón de principio a fin y, las únicas dudas que dejó por el camino, las provocaron “Purito” Rodríguez y el descubrimiento de la temporada, Nairo Quintana. El colombiano se ha convertido en la gran atracción del pelotón y, de paso, en la única alternativa seria a un posible dominio del inglés en los últimos tiempos.

El de Pinto, que llegaba sin un gran año, tenía el Tour para revertir la situación y demostrar al mundo entero que en las grandes vueltas de tres semanas seguía siendo el rey. Sin embargo, las apuestas ponían a Froome y al Sky por delante del resto. La carrera presentaba un singular recorrido, algo diferente a las últimas ediciones. Dos contrarrelojes individuales, la segunda de ella con dos puertos de montaña, y un bloque final de máxima dureza en los Alpes majestuoso, con el añadido del Mont Ventoux entre los Pirineos y la cordillera Alpina.

Froome: “Vencer a alguien tan grande como

Contador me da mucha confianza”

A la salida en Porto Vecchio acudieron un buen puñado de corredores con grandes expectativas. Además de los ya mencionados entre la gama de favoritos a la victoria final, corredores como Peter Sagan, Mark Cavendish, Andy Schleck, Tony Martin o Alejandro Valverde siempre son ciclistas que dejan grandes actuaciones en las carreras más importantes del calendario internacional. Y el Tour era, un año más, el gran escaparate internacional, en una época donde los patrocinios se deciden por pequeños detalles.

El primer líder de la carrera, contra todo pronóstico fue Marcel Kittel, que se iba a consolidar como el velocista de la carrera, tomando el relevo al británico Cavendish, que cerró una pobre actuación con tan solo dos victorias parciales, sin éxito en los famosos Campos Eliseos y sin opción alguna de luchar por un maillot verde en el que abusó de los demás Peter Sagan. El esloveno consolidó su triunfo en esta clasificación en los primeros días, pasando de forma magistral los puertos de segunda en los que sus principales rivales quedaban descolgados.

Llegada de los Pirineos

El seis de julio, con la octava etapa en Ax 3 Domaines, llegó la primera gran cita de la carrera francesa. El recorrido era uno de los habituales en los últimos años, con el paso de Palhieres en primer lugar, para finalizar en esta mítica cima del Tour que, sin ser muy larga, siempre deja diferencias entre los favoritos, al tratarse de una subida exigente y rápida, todo lo contrario que el paso anterior. La etapa sirvió para demostrar muchas cosas; la primera de ellas fue la superioridad de Chris Froome sobre todos sus rivales. Apoyado en un enorme Richie Porte, el británico ganó la etapa con gran autoridad y aventajó en más de un minuto a todos sus rivales, incluido Alberto Contador que, apoyado en su compañero Kreuziger, minimizó todo lo que pudo el tiempo perdido. Y la segunda de ellas fue la presentación de uno de los Tours más ofensivos de los últimos tiempos. Desde el inicio de la ascensión a Palheres la carrera vivió una vorágine de ataques tremenda, que se mantuvieron hasta el final del Tour. Primero fueron corredores como Pierre Rolland, Igor Antón y Nairo Quintana que prendieron la mecha y obligaron a Sky a tirar fuerte del pelotón hasta el acelerón final de Richie Porte que dejó a Froome la victoria en bandeja de plata. 

La carrera salió herida de la primera jornada pirenaica, o esa sensación pareció instalarse en el pelotón. El zarpazo de Froome había sido tremendo y los demás equipos veían con recelo como Sky se acercaba a pasos gigantescos a otra exhibición monumental por las carreteras francesas. Daba la impresión que Froome había tomado la posición de Wiggins del año anterior, y Porte se había convertido en el Froome del 2012. Así lo manifestó tras la primera jornada de alta montaña “Me encantaría tener el mismo protagonismo y la misma posición que Froome el año pasado”. Pero el Tour es el Tour y solamente un día después la carrera nos iba a ofrecer una de las etapas más espectaculares que recordamos.

Todo ocurrió camino de Bagneres de Bigorre, otro de los puntos de encuentro habituales en esta carrera. Con cinco puertos de montaña puntuables en el corazón de los Pirineos, los corredores ofrecieron un espectáculo fantástico. El Portet d’Aspet y el exigente col de Menté de salida, propicios para formar una fuga, y en la última parte de la jornada tres clásicos pirenaicos, Peyresourde, Val Louron y l’Horquette d’Ancizan. Por primera vez en mucho tiempo vimos a un equipo Sky desarbolado, pese a la nueva exhibición de Chris Froome. En las dos primeras subidas del día se consiguió reventar a Richie Porte y una inoportuna caída de Pieter Kennaugh dejaron a su líder en solitario, que tuvo que ofrecer una masterclass para salvar la papeleta.

Se recuperó el ciclismo de antaño, vimos a Movistar lanzando ataques en parejas, a Froome consultando en papel y boli los dorsales que tenía que vigilar, persecuciones maratonianas como la que hizo Richie Porte, sin éxito final. Y, además, la etapa premió a uno de los corredores del año, Dan Martin, que aprovechó la vigilancia entre los favoritos para marcharse en el último ascenso del día junto a Jakob Fulgsang, al que venció en el sprint final en Bagneres de Bigorre.

La debilidad del equipo inglés fue un soplo de aire fresco para todos, especialmente para Movistar, que tenía situados entre los diez primeros de la carrera a tres corredores, Valverde en posición de podio, Quintana y el portugués Rui Costa. Era el bloque que asustaba a Chris Froome, sin embargo, algo realmente duro estaba a punto de suceder. Camino de Saint-Amand-Montrond, dos días después de que Tony Martin ganase su enésima contrarreloj y Froome consolidase el maillot amarillo, el equipo Saxo Tinkoff provocó una serie de abanicos entre los que se vio afectado Alejandro Valverde. Movistar no supo reaccionar, tiraron a destiempo a veces, y como colofón mandaron parar a Rui Costa, dejando a Nairo Quintana solo ante el peligro. La jornada dejó muertos a las dos balas de Movistar, mientras Mark Cavendish conquistaba su segundo triunfo parcial.

Valverde: “Tengo que empezar a entender que 

el Tour no es mi carrera”

Como no hay mal que por bien no venga, Movistar cambió de táctica de forma drástica. Dejó de correr pensando en Valverde y lo hizo más al ataque que nunca para el colombiano. Rui Costa filtrado en las fugas y Valverde de lanzador. Con ese panorama se llegó a la cita con el Mont Ventoux, la cima de los vientos, el catorce de julio, fecha en la que los franceses celebran su fiesta nacional. En una de las montañas más épicas del ciclismo Chris Froome lanzó otro mensaje autoriario a todos sus rivales, apoyado nuevamente en su escudero Richie Porte. 

Dejó que Quintana se marchara a pie de puerto sin ponerse nervioso, para acelerar, a la retaguardia de Porte, a ocho quilómetros de la meta. Aguantó el primer enviste Alberto Contador, que por un momento hizo soñar al aficionado español, sin embargo, no pudo resisitir la segunda tentativa. Froome cabalgó hacia la meta en solitario, soltando a Nairo a pocos metros de la cima. Levantó los brazos al cielo, había conquistado uno de los territorios más míticos del Tour de Francia y había soltado un puñetazo inapelable justo antes de los Alpes. El Mont Ventoux había dictado sentencia. A la espera de un milagro, el Tour 2013 ya tenía dueño.

Con Froome y el Sky gobernando la carrera a su antojo, la lucha estaba desatada por el segundo y el tercer puesto. Alberto Contador, Roman Kreuziger, Nairo Quintana, “Purito” Rodíguez o Laurens Ten Dam tenían que batirse el cobre en la cronoescalada entre Embrun y Chorges y en el tríptico final en los Alpes, que incluía una histórica jornada en la que iba a pasarse dos veces el famoso Alpe D’Huez, donde grandes campeones como Eddy Merckx o Marco Pantani habían engrandecido este deporte, y donde el ciclismo español había aumentando su leyenda, desde Fede Echave hasta Iban Mayo o Carlos Sastre, todos vencedores en la subida de las 21 curvas.

Pero antes de todo eso, Rui Costa iba a tener tiempo de dejar su primer detalle de clase y de calidad en la meta de Gap, resolviendo una gran fuga y devolviendo la sonrisa a un equipo Movistar todavía herido en su orgullo. El 2013 en general ha vuelto a mostrar todas las virtudes de uno de los grandes equipos del pelotón, sin embargo, ha vuelto a dejar muchas sombras a la hora de leer las carreras tácticamente. 

El último bloque de la carrera iba a dejar muchas más cosas de las esperadas. La cronoescalada, ganada por Froome por dos segundos sobre Contador dio a entender que Alberto llegaba con fuerza a la última parte de la carrera. De hecho, el de Pinto reconoció que iba a tratar de atacar para ganar la carrera. Sin embargo, con la llegada de los Alpes se destaparon todas las cartas y pudimos ver muchas cosas. La primera fue ver como los dos hombres de Belkin, Mollema y Ten Dam, se venían abajo dejando la lucha por el podio entre los dos hombres de Saxo, Quintana y Joaquim. 

Los Alpes, la tumba de Contador

La primera de las tres grandes jornadas alpinas era la considerada etapa reina de la carrera. Además de acabar en Alpe D’Huez, y tener que subirlo previamente, la jornada contaba con tres ascensos de segunda categoría, además de un peligrosísimo descenso entre los dos pasos por la montaña de los holandeses. Se habló mucho de atacar a Froome bajando, puesto que subiendo era el mejor, se habló de tácticas de equipo, de ataques lejanos, y lo cierto es que se vivió una jornada enorme de ciclismo que mostró todas las carencias de Alberto Contador.

Además de la pelea por la general, que no fue cualquier cosa, la jornada nos dejó una de las imágenes de la carrera. Christophe Riblon, el veterano corredor francés, curtido en mil fugas y mil batallas, logró una victoria de etapa memorable, ante un gentío que lo llevó en volandas durante la segunda ascensión a un Alpe D’huez con más público que nunca. El francés recuperó un minuto para acabar derrotando a Tejay Van Garderen casi en la misma línea de meta. Sin duda, sus lágrimas pusieron la piel de gallina a más de uno.

La lucha entre los capos de la carrera, salvo un leve intento en el descenso de Contador y Kreuziger, se desató en los catorce quilómetros que separan Bourg d’Oisans de la meta en Alpe D’Huez. El omnipresente Nairo Quintana, un excelso Joaquim Rodríguez, Richie Porte y el líder de la carrera pronto dejaron atrás a un Contador que en ningún momento se sintió con fuerzas para estar con los de delante. Froome cometió el error de querer hacer más de lo que debió, y lo pagó caro. Entró en crisis antes de pasar la pancarta de los dos últimos y tuvo que pedir a Porte que acudiera al coche a por un gel, hecho que le costó una penalización. Quintana y Purito asombraron al mundo dejando de rueda al británico y abrieron un abanico de posibilidades y esperanzas para los dos últimos días.

Que el gran grupo dejara pasar la segunda jornada alpina es uno de los pocos, o tal vez el único borrón de uno de los Tours más atractivos de los últimos tiempos. Una jornada con cinco clásicos alpinos, incluidos el Glandon y la Madeleine, que dejó claro que nadie iba a intentar arrebatar el primer puesto a Froome y que Contador tendría que defender el podio en la penúltima etapa de la carrera, justo el día antes de viajar a París. La etapa la volvió a resolver Rui Costa, que certificaba un maravilloso Tour de Francia, que le aseguraba un nuevo contrato, lejos de Movistar.

El último grito en el Tour se puso en la inédita subida a Le Semnozm en Annecy. Un gran descubrimiento del Tour de Francia, pues la etapa dejó otra preciosa lucha entre los más grandes de la carrera. Desde el pie del puerto, los tres más fuertes de la carrera se marcharon en solitario. Contador enseñó la bandera blanca de rendición, y Joaquim por delante se encargó de certificar su primer podio en la Grand Boucle. Con Froome y Quintana a su rueda, fue el colombiano el más fuerte, que lanzó un ataque terrorífico en los últimos metros para ganar su primera etapa en el Tour y volver a sacar a la luz las carencias de un Chris Froome que no pudo seguir ni el ritmo del agotado Purito Rodriguez. Una traca final que dejaba a Froome en el Olimpo, la sorpresa de Quintana, la enésima confirmación de Joaquim y la tumba de Alberto Contador, derrotado con claridad en su carrera.

París volvió a servir de homenaje a todos los valientes que llegaron hasta sus calles. Fue una jornada más especial que nunca, nocturna, con los Campos Eliseos iluminados y engalanados para recibir a un Chris Froome exultante de felicidad. Marcel Kittel logró su cuarta victoria de etapa ante grandes como Greipel, Cavendish o Sagan, amenazando con claridad el trono de éstos. El podio fue un homenaje a los corredores y a la tecnología, puesta una vez más al servicio de un deporte que empieza a necesitarla.

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