El elegido fue Ramos

ramosPuso su corazón al servicio de la noche que se venía encima. Y tejió una obra maestra, mostrando al mundo entero un duelo celestial con Lewandowski. De fútbol de los años 80. De la vieja Copa de Europa. En una liga de Campeones marcada por magníficas actuaciones individuales de los centrales, Sergio Ramos regaló una noche primorosa, culminada con un gol que pudo cambiar el signo de la temporada.

Erró Mourinho en la ida dejando a Ramos de lateral y confiando en la pareja Pepe – Varane para cerrar al delantero polaco. Y ese error fue mortal. Nunca se lo perdonará el entrenador luso, seguro. Un matemático de este tipo de planteamientos como Mourinho infravaloró la figura de un gran Lewandowski, cuya actuacion en el verde del Signul Iduna Park ya forma parte de la historia de la Champions League.

Sin embargo, para la vuelta el de Setubal dio con la tecla, y entregó plenos poderes al de Camas en el centro de la zaga. Sentó a Pepe y ubicó a Essien en el lateral derecho, con Varane como compañero del internacional español. La exhibición de Sergio Ramos fue inapelable. Y eso que Lewandowski nunca cedió un metro, ni evitó un contacto. Pero siempre ganó el sevillano.

El madridista y el nueve de los alemanes fueron dos titanes, dos buques chocando de frente, fueron George Foreman y Muhammed Ali golpeándose sin control. La Copa de Europa de antaño estaba ante nosotros. Muchos de los aficionados reclamaron cierta benevolencia en Howard Webb, pero a mí dadme duelos de estos, que se disfruta y se aprende a partes iguales.

ramossVestido ya con el disfraz de héroe, Ramos estuvo fabuloso con el balón. Creció sin él en el partido, gracias a cada acción positiva frente a su rival, sin embargo, siempre dio salida a su equipo, superando la primera línea de presión rival. A eso sumó hasta cinco disparos a puerta. Con un gol, y seguimos hablando de un central. Del mejor central del planeta.

La épica de la noche la certificó con un abrazo entre lagrimas a Iker Casillas, fiel reflejo de la noche vivida ante las miles de gargantas madridistas, rendidas frente al semejante espectáculo protagonizado por el central andaluz. El Madridismo creyó hasta el pitido final, lo hizo con agonía a la vez que ilusión. Y Sergio Ramos lideró al Madrid de siempre, de un equipo que nunca deja de creer en lo imposible.

El entierro del Barça

1366743068_127285_1366748565_album_normalSe produjo en Munich, pero pudo haber ocurrido en Milan, o incluso en París. Lo cierto es que la debacle azulgrana en la noche de ayer no pilló por sorpresa a nadie, ni siquiera la propia plantilla del equipo. Los errores cometidos en el curso pasaron factura ante un Bayern poderoso y prodigioso que mostró a toda Europa que aspira a ser el nuevo tirano del fútbol mundial. La noche recordó a aquella en la que el Milan destruyó al Dream Team en la final de Atenas, sin embargo, este equipo, hecho cenizas, sale de la temporada con una gran liga conquistada, que debe servir para forjar los cimientos del nuevo proyecto.

Porque al fin y al cabo, este Barça sigue teniendo a Busquets, a Piqué, imperial en la noche de ayer, a Jordi Alba, retratado en demasiadas facetas anoche en el Allianz, pero con un potencial asombroso, a Iniesta, y especialmente a Leo Messi. El argentino, emblema del equipo, jugo lesionado. Si, lesionado. Jugó porque era el único plan que los de Tito tenían para poder hacer daño al Bayern. Pero no hubo forma. Los bávaros fueron mejores en todo. La exhibición fue colosal, de las que hacen época y pasan a la historia.

Es demasiado pronto para aventurarnos sobre si hay fin de ciclo o no. El Barça ha sido descubierto, de hecho, da la sensación que ya lo fue en la temporada pasada, pero su grandeza reside esencialmente en eso. Habiendo sido descubiertos se han aupado con una Copa del Rey y una liga, además de dos semifinales de Liga de Campeones. Es el legado de un equipo inmortal, que tiene por delante un verano complicado en cuánto a toma de decisiones. Casos como Xavi Hernández, Carles Puyol, Alexis Sánchez, David Villa o Dani Alvés merecen un estudio profundo, que no toca en el día de hoy.

Si la afición del Fútbol Club Barcelona es sabia y honesta con estos futbolistas el próximo miércoles debería llenar a rebentar el Camp Nou y ovacionar durante los 90 minutos a unos futbolistas que han impedido que la sonrisa abandone el estadio durante más de cinco temporadas consecutivas. No sé si se ha visto al mejor equipo de la historia, pero sin duda, sí se ha visto a uno de los mejores. Volverá, o tal vez no, pero el recuerdo siempre quedará entre nosotros.

 

 

Cuatro nombres que cambian el fútbol (Parte 1)

Rosell_Pep_Guardiola_firma_renovacionMourinho y Guardiola cambiaron la concepción del fútbol. Más allá de lo habitual, estos dos genios de la pizarra dibujaron en sus equipos la inmortalidad, la invulnerabilidad. Los tiempos donde un empate fuera de casa era un resultado correcto, dieron paso a otros donde un tropiezo en Mestalla o San Mamés, se convertía en una puñalada casi mortal. Para aderezar todo esto, el noi de Sant Pedor se unió a Leo Messi, en uno de los matrimonios más emblemáticos de la historia del fútbol, mientas que el de Setubal, por su parte, selló su alianza con Cristiano Ronaldo, el dominador del flanco izquierdo. Y entre los cuatro emprendieron un camino, el de cambiar la historia del deporte rey.

Llegó primero Pep a un desdibujado Barça, llenó de dudas y de sombras, con la herida abierta entre Ronaldinho, Deco y Eto’o. Preso de una personalidad fuera de lo común en los banquillos, el catalán abrió la puerta de salida a los dos primeros, entregando el equipo a la zurda de Messi. Se habló del final de un ciclo, pero no se sospechaba que Guardiola estaba creando un monstruo que hoy, casi cinco años después sigue coleando y sembrando el terror en Europa.

Tardó dos años Mourinho en acudir a la llamada del madridismo. Con el Barça dominando el continente, el luso paró a los azulgrana en las semifinales de la Champions League. Aquel Inter, igual que aquel Oporto habían demostrado al planeta fútbol que la figura del entrenador nunca antes importó tanto. Así que Florentino entendió el mensaje. Que sea la pizarra la que los detenga. Guardiola, lejos de entregar la cuchara, aceptó el reto que suponía para él un cara a cara con el portugués durante todo el año.

Con el Barça llevando la bandera del fútbol por todos los rincones del planeta, el Madrid de Mourinho estaba dispuesto a conquistar el imperio azulgrana. Amén de Pep y Mou, Messi y Cristiano Ronaldo iban a empezar una guerra, cuyo fin desconocemos. Echando la mirada atrás, llegan a la mente imágenes soberbias de Shevchenko, Thierry Henry, Van Nistelrooy, Raúl González o Ronaldo Nazario. Arietes brillantes, letales ante la meta rival. Futbolistas que permanecerán eternamente en los libros de historia. Jugadores de 30 goles por temporada. Que engañados estábamos.

El concepto del gol es otro en estos días gracias a estas dos leyendas. Messi y Cristiano, en ese lejano 2010, arrancaron una carrera imparable, donde cada partido sin anotar era algo próximo a un drama. La influencia de estos dos futbolistas sore su equipo era tan majestuosa que, futbolistas como Xavi Hernández, Andrés Iniesta, David Villa, Karim Benzema o Xabi Alonso pasaron a un segundo plano. El fútbol, jornada a jornada, se rendía a sus dos estandártes. No veremos nada igual.

resizeMás allá de las rivalidades individuales, la pugna Barça – Madrid, con Guardiola y Mourinho en los banquillos quedó terriblemente marcada por el primer lance. Ese día, Mourinho puso sobre el verde a sus once elegidos para conquistar la liga, pero se encontró con el mejor Barcelona posible, que le hizo un roto. Aquel 5-0, ya en el olvido, marcaría a fuego la mayor rivalidad de nuestro tiempo. El antídoto encontrado por Mourinho, aún perdura.

Con la temporada a rienda suelta, y los dos colosos españoles enfrascados en la guerra final, cuatro clásicos casi consecutivos iban a poner en juego los tres grandes títulos del fútbol español (Liga BBVA, Copa del Rey y Uefa Champions League). Fueron momentos tensos, donde la tensión competitiva se podía cortar con un cuchillo. Nunca Barça y Madrid estuvieron más cerca de la enemistad. Mourinho había dado con la tecla.

La receta para aquel 2011 fue Pepe. Con la liga vista para sentencia, el Madrid aceptó el reto de la Copa y la Champions. El primer envite fue en aquella gran final de Mestalla. Ahí mandó Mourinho. Exprimió a los suyos, y estableció un plan de ataque. Pepe pasó al mediocentro y ahogó, en un alarde de talento defensivo y físico, al mejor Barça. El Madrid vapuleó tácticamente al Barcelona durante toda la primera mitad de aquel enfrentamiento, pero el descanso mostró al mejor Guardiola.

Pep reubicó a los suyos, alejó a Leo de la presencia de Pepe y el Barcelona se adueñó del choque. Era una partida de ajedrez entre 22 elegidos. Xavi, Iniesta y Pedro secundaron a Messi en el ataque azulgrana, mientras el Madrid, más desgastado por el esfuerzo físico se encomendó a Ronaldo para solventar el asunto. Cristiano aceptó la llamada, y asumió su papel de hombre franquicia, como gusta el término en la NBA. El partido ya era una agonía, y el 0-0 inicial invitaba a una prórroga maravillosa.

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Las calles de más de medio mundo aparecían desiertas. La respiración de dos genios martilleaban las cabezas de todo el planeta. Leo miraba al suelo antes de santiguarse, Cristiano, erguido, alentaba a los suyos. Iba a ser el reflejo de la tremenda eclosión final. El portugués se elevó a las alturas, cerca del final del tiempo extra, para conectar un cabezazo que sacudió toda Barcelona. Madrid estalló de júbilo. El antídoto de Mourinho había funcionado. Pero quedaba la Champions, la competición de los mayores…

El Cid del Siglo XXI

Barcelona-s-Pedro-Rodriguez-le_54371120378_54115221152_960_640Subido a los lomos de Bavieca, el Cid Campeador ganó su última batalla muerto. No estaba presente de alma, pero su cuerpo bastó para derrocar la defensa rival. Una historia similar se vivió en el Camp Nou anoche. El Barça, con la daga clavada en el pecho, y remando contra corriente, solventó de un sopapo el problema por obra y gracia de un futbolista, Leo Messi, que ingresó en el césped en el 65 con un desgarro muscular, pero que bastó para cambiar el sino de los dos contendientes. Al PSG le entró el miedo y la seguridad se evaporó, y a los suyos les insufló la última bocanada de aire. El resto es de sobra conocido. Pedro, omnipresente en las grandes citas, mandó a la red el balón que llevaba escrito las sextas semifinales culés consecutivas.

La primera media presentó el partido de una manera contundente. Los locales erraban cada vez que intentaban sacar el balón desde detrás. Piqué y especialmente Busquets, futbolista que dificilmente volverá a jugar así de mal en este curso, reflejaban el estado anímico de un equipo que, sin su estrella sobre el césped, perdió su identidad. El PSG, que es un buen equipo pero tal vez le falta algo de vuelo, aprovechó la tesitura a medias. Descosió al Barça por momentos, sin embargo, el paso de los minutos favorecía al cuatro veces campeón.

Victor Valdés, que volvió a cuajar una actuación soberbia, Andres Iniesta estirado en la banda izquierda, y Pedro ejerciendo como un puñal, mantenían vivo al Barça, mientras Pastore y Lucas Moura torturaban la inexistente y mala presión azulgrana. Los tres de arriba andaban desconectados del equipo. Villa pasó desapercibido y Cesc, actuando de Messi, volvió a naufragar en un gran partido. Y tal vez empiecen a ser ya demasiados.

No cambio el panorama el descanso, más bien agudizó la propuesta de ambos. Verrati se adueño del centro, silenció a Alves y demostró a Ancelotti que lo de Beckham de hace siete días fue un grave error. Ibrahimovic sumó por primera y única vez para su equipo, dejó a Pastore ante los ojos de Valdes, que esta vez no obró un nuevo milagro. El silencio del Camp Nou era el sentir de un equipo, que pedía a gritos la aparición del genio rosarino.

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Vilanova no dudó. Con el naufragio del plan A, optó por sacar a calentar a Leo Messi. Su sola presencia en la banda del Camp alentó a las 98.000 almas, que empezaron a creer. Entró el astro argentino, mientras el PSG, liderado por Ibrahimovic era incapaz de terminar de sacudir la eliminatoria. La presencia de ‘la pulga’ sobre el verde giró el partido. Los franceses ya no estaban seguros, y los azulgrana veían cerca el pase a las semifinales.

Así que Leo Messi, con un desgarro muscular en la pierna que lo limitaba a casi la mitad, decidió la eliminatoria. Como los grandes. Consciente de su estado físico, aplazó su slalom hasta el momento de clavar el aguijón. En la tercera pelota que tocaba, el diez birló a Verrati y Motta, sacó de su sitio a Thiago Silva (qué eliminatoria la suya), y filtró para Villa, éste prolongó para Pedro, y el tinerfeño, nacido para la gloria, fusilo a Sirigu. El gol que daba la vida al Barça y mandaba al equipo francés a los infiernos.

El PSG sacó la bandera blanca y se entregó a Leo Messi, que desde el 1-1 no corrió. Se dedicó a pasear cerca del área rival, lo cual suponía una agonía para los visitantes. El espíritu de Messi logró uno de los mayores hitos de su carrera, y tiene unos cuantos, claro. Vilanova retiró a Villa por Song temiendo un aluvión de balones aéreos por parte del rival, pero el Paris Saint Germain no estaba ni para eso. La historia ya estaba escrita. El Barcelona firmó su sexta semifinal de Liga de Campeones consecutiva.

El Cid del siglo XXI, Leo Messi, abandonaba el estadio entre dolores, con la mirada perdida, pero con la certeza de haber resuelto una eliminatoria con el alma. El PSG se ahogó en su propio miedo, deberá crecer y ganar en experiencia para su asalto europeo. El ciclo de Leo Messi sige vigente, y el Barça, que llega renqueante a las semifinales, fía a su líder la competición. Y la realidad es clara: a tres partidos del título, con Leo Messi sobre el césped nadie puede dudar de su favoritismo.

El ciclo de Leo Messi

969594-15871095-640-360Se habló de épica desde la previa, se habló de otra noche mágica. Pero sobre el césped solamente había dudas. Con este panorama Vilanova tomó una decisión arriesgada, plantear un partido abierto, de golpe a golpe, y que el talento decidiese. Y ahí es donde tenemos que volver a encumbrar la figura de Lionel Messi, dueño y señor del planeta fútbol en el último lustro. El argentino agarró a su equipo, y mandó dos zarpazos a la red en sus dos primeros disparos. Empató la eliminatoria, incendió el Camp Nou y derrumbó al Milan. El ciclo del Barça es el ciclo de Leo Messi.

El Milan entró con único plan al estadio, defenderse con todo y esperar que Niang o El Shaarawy cazarán un gol que certificase la clasificación. Pero se encontró con el Barça de los grandes días, un equipo imperial que te ahoga, te masacra, y desde la calidad técnica de su once te diluye. Pero ese equipo pendía de un hilo en la noche de ayer y, quién sabe lo que hubiese deparado la noche si ese fatídico error de Mascherano acaba en gol…Pero el partido dio mucho de sí.

De entrada hay que detenerse en la figura de Leo Messi. Partió desde la derecha, sin ser extremo siempre cayó en esa banda, desde la que mejor arranca. A diferencia de otros días, el crack argentino no tuvo que bajar tanto al centro del campo, y siempre jugó entre líneas, donde te mata. David Villa le hizo el trabajo sucio, despistó a los centrales y los fijó, aunque su juego de espaldas sigue sin ser el idóneo para el equipo. Pero ese despiste sirvió para que Leo cazara dos pelotas al borde del área. 2 goles. El primero de ellos irreal, de los que no existen. Su zurda es patrimonio de toda la humanidad.

El primer gol antes de los cuatro minutos alentó a los locales y desencajó la mandíbula de los italianos, que iban a tardar unos minutos en recomponerse. En esos instantes pudo hacer más grande la herida el Barcelona, pero primero el larguero a un disparo de Iniesta y después el colegiado que no quiso ver un penalti a Pedro mantuvieron al Milan en el choque. Los rossoneri se fueron asentando con el paso de los minutos, Ambrosini organizó a los suyos y el Barça bajó el ritmo. En un respiro de los de Roura se hizo el silencio en el Camp Nou. Mascherano, ejemplar toda la noche, cometió un error que pudo ser irreversible. No midió bien y permitió que Niang encarara a Valdés. Pero esta vez el poste se alió con los azulgrana, que pudieron respirar.

La acción envalentonó a los visitantes, que vieron vulnerable la transición defensiva local. Pero eso fue como cavar su propia tumba. En una de las salidas rápidas de los milanistas, Iniesta robó en zona peligrosa, habilitó a Messi, y el argentino volvió a clavar su aguijón. Era el elegido, el futbolista que nunca descansa. Se volvió a vestir de héroe, de dueño y señor del Camp Nou. Más de medio trabajo estaba hecho y las cámaras solo podían centrarse en la elegante zurda del rosarino. El aliento de una vida.

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La reanudación del partido en la segunda mitad sirvió para agigantar la figuras de tres hombres. El primero de ellos Sergio Busquets. Con el Barça más vertical que nunca, el mediocampista catalán volvió a ser el guardián de todo. Robó todo lo que pasó por su zona, no falló en una cobertura, y tuvo un 100% en pases acertados. Sin Messi sobre el césped, el mejor de los suyos. Andres Iniesta, el héroe en la sombra. Siempre supuso un respiro para el Barça cuando contactaba con el balón. Devuelto a su posición de origen, gobernó el partido, aceleró y frenó, y con la eliminatoria en el bolsillo se adueño del choque.

Pero si alguien merece un capítulo extra ese es Javier Mascherano. El argentino por fin fue un activo para su equipo. No se alejó de su error habitual en las grandes noches, pero esta vez tuvo excusa. Se vio expuesto siempre, en cada acción, y estuvo obligado a la anticipación en todas ellas, para que su equipo ahogara al rival en campo propio. En una de ellas erró ante Niang, pero estuvo excelso en el resto (veáse el tercer gol de su equipo como claro ejemplo de ello). El jefesito  esta vez si fue el de antaño.

Del Milan poco que decir que no se supiese. Es un equipo duro, ejemplar en el trabajo, pero escaso de talento en todas sus líneas. Solamente apretó cuando se vio fuera del todo. La grandeza de su escudo y de su camiseta inquietó al Barcelona, especialmente con la incursión en la zona ofensiva de Robinho y Bojan, que siempre, o casi siempre, tomaron decisiones acertadas, algo que no supieron hacer Niang, El Shaarawy y Boateng. Pero solamente el peor Barça de los últimos cinco años dio opciones a este equipo que anda lejos del de las siete copas de Europa. El Barça sigue en vuelo. Con Messi a la cabeza todo fluye.

 

La noche de Cristiano Ronaldo

crComo cuando el César conquistaba el Imperio Romano, Cristiano Ronaldo se hizo por fin con el Camp Nou. Tras una larga lista de intentos, unos fallidos y otros desaprovechados, el gigante portugués alzó su voz por encima del resto, en el ya considerado como “el clásico de Cristiano Ronaldo”. El partido de ayer deja la sencilla lectura de que el tándem Mourinho – Ronaldo anda cerca de terminar con la hegemonía de un Barça que, por primera vez en mucho tiempo, se siente vulnerable ante su eterno rival.

La pareja portuguesa ha sido una gozada para el fútbol mundial. Entre ellos han obligado al Barcelona a bordear la perfección en el último lustro. Un equipo como mis ojos no recuerdan otro tuvo que esforzarse cada día para poder superar a un Madrid cada vez más gigante, y con la obsesión de tumbar el imperio culé. Es pronto para pronunciarse, puesto que esto es la Copa del Rey, y con la liga en poder de los azulgrana, la prueba de Old Trafford se antoja decisiva en el devenir del ciclo futbolístico.

Pero vayamos a lo de anoche. La primera lectura a extraer es la de un Barça excesivamente ansioso y superado por una semana negra que condiciona toda la temporada. Y de otro lado un Madrid inmenso, que cabalgó como nunca a las espaldas de su pegaso, Cristiano Ronaldo, imparable durante toda la noche. El Barça arremetió como pocas veces en los primeros diez minutos, incluso Messi pudo adelantar a los suyos antes del minuto dos, pero la primera carrera a espaldas de la zaga local del portugués cambió la cara al encuentro.

El Madrid empezó a poder correr y alertó al Camp Nou de que se avecinaba una noche complicada. El Barça cometió el error de no leer el resultado, y dejó a Cristiano todo el espacio del mundo. Un error imperdonable. El primer azote del luso hizo estallar los cimientos de un Barça cada vez más alejado de su mejor versión. Ronaldo apuró a Piqué y le sacó un penalti de libro que dejaba la eliminatoria muy de color blanco. Pero la pesadilla acababa de empezar.

Los miedos de antaño se cebaron con el equipo de Roura, que no encontró reacción. Ozil se adueño del centro del campo, sacudió una y otra vez las espaldas de los medios culés. Cesc, superado física y tácticamente por el encuentro fue una rémora, y Xavi, sin la ayuda del colectivo no pudo ejercer su habitual dominio. Para colmo de males, Messi sigue alejado de sus mejores noches, y ante esto el Barça sigue sin encontrar una alternativa. La buscó en Iniesta, que volvió a destacar, pero cada maniobra del manchego era bien replegada por la defensa blanca, la mejor del mundo.

El paso de los minutos convertía en magistral el plan de Mourinho, basado en robar y correr a las espaldas azulgranas. El segundo gol, que parece medio accidente, es el reflejo de todo esto. Un balón al infierno para que Di María midiese la velocidad de Puyol, y en el otro extremo el omnipresente Ronaldo, con tres marchas más de velocidad que los defensas blaugranas. El resto es ya historia. Puyol, leyenda viva de este deporte, roto por la cintura de Di María, y Cristiano Ronaldo, autor también del segundo, héroe vikingo. La historia que todo madridista deseaba.

El cierre del partido se le brindó a Varane, el jugador de la eliminatoria, si Cristiano nos lo permite. Sostuvo a su equipo en la ida y ahondó la herida local en la noche de ayer. El francés frenó a Messi siempre. Y es posible que en 180 minutos esto sea la primera vez que pasa, y para redondear su actuación dejó otro golazo, el 0-3, con un cabezazo que finiquitaba la eliminatoria y dejaba en K.O. al indestructible Barça.

Sale el Madrid más vivo que nunca, pero con la obligación de salvar la complicada cita de Manchester. Y el Barça sale por los suelos, por primera vez en el último lustro y con la única obligación de levantarse para la decisiva cita ante el Milan de aquí quince días. Bendito fútbol.

Xavi debe ser eterno

Hay futbolistas para los que no debería pasar el tiempo. Hay chicos como Xavi que deberían de jugar siempre al fútbol, y así enseñar a todos la manera en la que se debe tratar una pelota. En estos tiempos de defensas aguerridas, de medio centros defensivos que apenas tocan la pelota en ataque, Xavi es un regalo para el fútbol. Entrado ya en la treintena, cada vez va regulando más sus minutos en el Barça, sin embargo, ayer, saliendo desde el banquillo cambió el curso de su equipo y se permitió un golazo que daba al Barça tres puntos vitales en su lucha por la liga. Amo y señor Xavi Hernández.

Se atascó el Barça en la noche de ayer, como se atascó el pasado miércoles ante el Spartak. Eran dos partidos, a priori, sencillos pero los de Tito Vilanova, que siguen ganando, no encuentran la fórmula del buen juego. Ante los rusos apareció el de siempre, Messi, para remontar el encuentro y ayer fue otro de los habituales, Xavi, el que desmontó la tela de araña granadina. Al finalizar el partido de ayer solo una pregunta aparecía en mi mente, ¿hay o ha habido algún futbolista que condicione tanto la forma de jugar de un equipo como Xavi Hernández?

El atasco del Barça tuvo su origen, seguramente, en el mal partido de Messi colectivamente. El argentino, pese a ser una pesadilla cuando rondaba el área, no encontró la forma de asociarse con criterio con sus compañeros, y la falta de Iniesta y Xavi detrás suyo no le ayudaba. Alexis y Villa volvieron a pasar desapercibidos por el partido y pese a la buena labor de Cesc desde la base el Barcelona no carburaba y el Granada se agigantaba en su plan.

Pero el panorama cambió radicalmente con las entras de Pedro y, especialmente de Xavi. El catalán se adueño del balón y del centro del cambo, y con cada pase que daba el profesor Hernández el Granada sufría. Tello también volvió a ayudar a los suyos siendo un puñal desde la izquierda. Pasado el minuto 80 Xavi recibió un rebote al borde del área y soltó un zarpazo letal que se ajusto a la escuadra de Toño tumbando a un Granada que se había defendido a la perfección hasta ese instante. Poco después una jugada de Messi acabó en el 2-0 definitivo con la ayuda de un defensa visitante.

Al final ganó el Barça, como lo viene haciendo toda la temporada, pero deja muchas incógnitas por el camino. No juega como jugaba, no golea como lo hacía antaño y Messi de momento no es “MESSI”. Pero gana, y gana mucho. 5 de 5 en liga y once puntos provisionales de diferencia con el Real Madrid, un bagaje muy jugoso teniendo en cuenta que el equipo solo puede ir a más.

La ilusión por bandera

Ocurre cada temporada cuando se inicia el curso. El Atlético de Madrid acude a su cita con la liga esperanzado en un “este año si” hasta que llega el tercer partido en el Calderón y sale derrotado entre pitos, entre miradas a la grada y gritos al entrenador de turno. Los futbolistas, al menos en su gran mayoría, pasan a ser mercenarios y el equipo se viene abajo. La ilusión desaparece y el sentimiento atlético pasa a una afición que vuelve a pedir algo nuevo, algo que devuelva la esperanza a los suyos. Sin embargo, algo ha cambiado esta vez. Este curso es diferente, la parroquia rojiblanca se ha ilusionado de verdad, los resultados son positivos y el “cholo” Simeone ya es un héroe.

Sin prisa pero sin pausa, este es el camino que ahora debe seguir el Atlético para confirmar su progresión. Explotó el equipo con sus victorias en la Europa League y la Supercopa de Europa de este año, está asaltando la liga desde el primer partido con triunfos donde en otro tiempo hubo derrotas y empates mediocres, y ayer, en un partido donde el Cholo apenas puso titulares sobre el césped dio una sensación de dominio y equipo grande que no se daba desde hace tiempo. Huele muy bien este nuevo Atleti.

Pero sin duda será la liga BBVA la que mida la grandiosidad de este proyecto. Con una base cada vez más sólida y la dupla Falcao – Adrián a pleno rendimiento el único objetivo posible para este equipo es la clasificación para la Liga de Campeones. Soñar con cotas mayores, como es el título, de momento debe verse como un sueño, puesto que los presupuestos de Barcelona y Real Madrid imposibilitan el resto.

La paciencia tendrá que ser clave otra vez. Todo equipo atraviesa por momentos buenos y por otros no tan buenos, sin embargo, si la afición sigue unida al equipo y a un entrenador al que ahora adoran esos tiempos no tan buenos se sobrellevan mejor, el Calderón nunca dejará de estar con los suyos y pasito a pasito se puede llegar hasta la consolidación de un proyecto de verdad ilusionante y que tiene una pinta fantástica. Muchas ganas, esta vez sí, de ver el día a día del glorioso.

El Barça menos brillante

Aparecía el Camp Nou engalanado como en sus mejores noches para recibir a Iniesta como el manchego se merece. Vestido de corto y con la camiseta que tanta gloria le ha dado esperaba en el centro del estadio azulgrana la llegada de su mujer y su niña, las cuales iban a entregarle el premio a mejor jugador de Europa en el pasado curso. La fiesta dio paso al fútbol, algo de lo que también saben bastante por Barcelona. Lejos de recrearse en lo ocurrido esta pasada semana, Tito alineaba juntos a Piqué y Mascherano, a Adriano en la izquierda y daba una nueva oportunidad para Cesc y Alexis, dos de los menos brillantes en los 180 minutos ante el Real Madrid.

Y poco tardó el Barça en enchufarse al partido. Desde la brillantez dada por Xavi en la medular, Messi crecía en el campo, apoyado por dos extremos (Pedro y Alexis), que por primera vez esta temporada acudían al centro del campo en lugar de fijar a los laterales en banda. Tras unos breves instantes de tanteo ambos equipos mostraron sus cartas. El Valencia esperaba agazapado al Barça, dejando correr los minutos y buscando una oportunidad, que pronto iba a tener Soldado. El Barça, por su parte, mandó una línea de presión alta que dificultaba la salida del Valencia, ahogado en su área.

Con esta situación de partido poco iba a tardar el equipo local en desequilibrar la balanza. En el enésimo saque de esquina en corto Adriano soltaba un latigazo que se colaba cerca de la escuadra de Diego Alves. Un manotazo al equipo de Pellegrino. Se descompusó unos instantes el Valencia, momento en el que el Barça pudo rematar la faena, primero con Pedro y luego con Cesc, siempre con Messi iniciando por el centro. Pero tras la tormenta llegó la calma.

El Valencia volvió a sus quehaceres, replegó filas y aceptó un resultado que lo dejaba vivo. Tras la reanudación el equipo che dio un paso al frente, mientras a los jugadores blaugranas les empezaban a pesar las piernas. El partido de Supercopa hacía mella en ellos, mientras Pellegrino, pasada la media hora de la segunda mitad, buscaba el empate. Un empate que nunca iba a llegar, gracias en parte a un clamoroso error de Victor Ruiz a la salida de un córner y a la enorme paciencia que el Barcelona volvió a tener con la pelota en los últimos instantes.

Partido que deja al Barça como líder en solitario, con nueve puntos de nueve posibles, y que pone al Valencia en urgencias, con no malas sensaciones de juego, pero con 2 puntos en tres partidos. Distintas son las sensaciones para unos y otros, los locales ganan pero dejan dudas. Cesc y Alexis siguen sin estar como se les espera, Puyol no reaparece y Messi ha cuajado uno de sus peores partidos como azulgrana. Viene el parón de selecciones que siempre trae cosas nuevas. Veremos…

“A tres metros sobre el cielo”

El pasado domingo España se vistió de gala para recibir la tan ansiada y soñada triple corona. Algo que en 2008 parecía inalcanzable y que hoy, en 2012 nos ha parecido tan corriente porque según ha dicho un jugador de la selección española “somos los mejores”. Tres títulos merecidos para una selección que jamás ha tenido suerte y que hoy, tres días después puede sonreír mirando sus tres títulos. “Ganarse el cielo” siempre ha sido el techo, ya no solo de cualquier deportista, sino de cada persona, y esta selección no solo ha conseguido llegar a lo más alto sino que ha hecho historia e incluso ha conseguido estar muy por encima de la meta que ellos mismos se habían marcado.

Pero parece ser que los tres días consecutivos a la final de la Eurocopa han estado cargados de malas noticias. En primer lugar el trágico accidente acarreado en Duxford a la piloto española Maria de Villota. Tras una larga intervención por las heridas causadas en el cráneo se ha confirmado que la piloto española ha perdido el ojo derecho en la intervención. Poco a poco se van conociendo las causas del accidente, mientras la española continua ingresada progresando poco a poco.

Por otro lado, el único tenista español que continuaba en las tierras londinenses para hacerse con el torneo de Wimbledon ha caído eliminado por Andy Murray. Tras un largo y complejo partido repleto de altibajos y de parones por la lluvia, el español no ha podido superar al tenista local y se marchará a casa tras una pesada ronda de cuartos de final a su espalda.

Por estos acontecimientos y por muchos más, no podemos quedarnos a “tres metros sobre el cielo” hay que volver a poner los pies en la tierra y recordar que nada es eterno. Es una satisfacción el deporte español actual y hay que continuar haciendo historia, pero tras tres días de risas y diversión, no hay que dejar de lado otros hechos, que a pesar de que son más duros, por desgracia son más importantes.

Beatriz Gas Gozalbo

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