“Mi nombre es Lestern Burnham….y ésta es mi vida”

Mi nombre es Lestern Burnham. Este es mi vecindario. Esta es mi calle. Esta es….mi vida. Tengo 42 años y en menos de un año estaré muerto”. Ese es el sorprendente y ambicioso comienzo de American Beauty, una de las películas mejor valoradas de los últimos tiempos, y es esa la forma en la que conocemos a nuestro principal protagonista, y también héroe, Lestern Burnham (Kevin Spacey). Antes de entrar en matería podemos afirmar que la película consagró a San Mendes como director y al propio Spacey, que ya había destacado con “Sospechosos habituales” pero que encontró el Oscar y la consagración con esta obra maestra.

Lestern Burnham se nos presenta como un triunfador, redactor de una prestigiosa revista y que vive con su mujer y su hija en un precioso chalet en una urbanización, sin embargo, en su monólogo inicial el protagonista ya nos enseña todo lo contrario, indicando el tema principal de la cinta, la crítica al “American way of life” (estilo de vida americana). Lestern vive sabiendo que tanto su mujer como su hija no lo soportan, cada una por un motivo diferente. La primera de ellas porque vive obsesionada con su trabajo como vendedora en una inmoviliaria y que además tendrá una ventura con uno de sus competidores, al que se le considera como el número uno en su sector. Su hija, por otra parte, es una adolescente que vive aislada de su familía y peleada con el mundo como cualquier adolescente pero que reniega de la figura paterna, e incluso, en una escena de la película afirma rotundamente “que le gustaría ver muerto a su padre”.

Podemos deducir facilmente que American beauty es una historia sobre personas comunes y que viven una serie de situaciones comunes cuyas soluciones también lo son. La historia en sí comienza con dos acontecimientos casi simultaneos que cambiaran el devenir de nuestro protagonista. En primer lugar, es despedido de su trabajo por una reducción de plantilla y a su vez Lestern conoce a Angela, una compañera de colegio de su hija Jane cuyo único objetivo en la vida es su interés en el sexo opuesto, por la que rapidamente sentirá una gran atracción. Y junto a todo esto se produce la llegada al vecindario de una nueva familia con la que termina la presentación de todos los personajes. El ex coronel Frank fitts, su mujer Barbara en estado casi vegetativo y su hijo adolescente Ricky, que es presentado como un chico ciertamente enigmático y que pronto mostrará su interés en Jane.

La película nos va presentando un cambio de registro en el protagonista desde el principio, sin embargo, éste no llegará hasta que no es despedido por su empresa, ahí nos deja una de esas frases para el recuerdo “sólo soy un tio corriente sin nada que perder”. Toda una declaración de intenciones. Pero la historia no sólo habla de la crisis de la mediana edad en Estados Unidos, la cinta muestra todos y cada uno de los problemas de una sociedad americana centrada en “guardar las formas”. Todos los protagonistas de la obra ocultan cosas, todos muestran una cara que no es la real y todas estas cualidades las cuenta de forma magistral Kevin Spacey, que engrandece más si cabe una historia redonda y perfectamente bien elaborada desde todos los puntos de vista y contextos.

Además del excelso papel de Spacey el resto de personajes están a la altura de las circunstancias. Caroline Burnham representa el fracaso de la mujer media americana, más preocupada de aparentar ser que de lo que realmente es, una mujer que odia a su marido, que apenas tiene comunicación con su hija y que persigue el éxito laboral como trampolín. Chris Cooper como el Coronel Fitts realiza un papel fantástico. Se nos presenta como un personaje unidimensional pero acaba siendo todo lo contrario. Resulta ser el bombazo de la cinta.

La otra parte de la historia la configuran los tres adolescentes, de tres personalidades totalmente contrarias. En primer lugar esta Jane, asqueada por la relación que mantiene con sus padres, cabreada con la vida y sin ningún objetivo aparente en la vida. Angela, que es mostrada como una adolescente preocupada por ser una modelo más y que fantasea constantemente con el sexo opuesto. Y por último Ricky Fitts, que tras su apariencia enigmatica y ocultista se encuentra un chico lleno de sensibilidad al que la cámara de video acompañará a todas partes. Sam Mendes se servirá de esta cámara de video y de una maravillosa fotografía para mostrarnos LA ESCENA de la película, la famosa escena de la bolsa, una radiografía de toda la película, una sencilla genialidad.

En definitiva, nos encontramos ante una obra de arte del cine de los últimos tiempos. Una película filmada de forma magistral, con la mejor fotografía que mis ojos recuerdan y con unas actuaciones sobresalientes, en especial Kevin Spacey, que nos deleita plano tras plano sin caer en la monotonía y haciendo un papel de héroe siendo realmente un antihéroe. Y la guinda del pastel es una banda sonora perfecta, bien utilizada y que te mete directamente en la película.

Pero sí, pongamósle un pero, no dura eternamente…

La jungla de Cristal

“La Jungla de Cristal, Yipee Ki Yai hijo de puta”

Jungla de cristal (Die Hard) fue concebida como una segunda parte de Commando y sería interpretada nuevamente por Arnold Schwarzenegger. Éste acudiría al Nakatomi Plaza para visitar a su hija. Sin embargo Arnold se negó a interpretar este papel, como también lo hicieron Sylvester Stallone, Mel Gibson o Harrisson Ford. Así pues Mc Tiernan acudió a un joven Bruce Willis que hasta ese instante sólo lo habíamos visto en Luz de Luna y Cita a ciegas.

John Mc Tiernan, el que para mí es el mejor director en películas de acción, se sirvió de un fantástico guión en el que no sobra ni falta de nada y vuelve a brillar su movimiento de cámara como ya hizo en la famosa Depredador. Cada escena luce como la anterior y no sobra ninguna. Sus 131 minutos se nos pasan volando, sin descanso alguno para el espectador que empatiza con la película desde que conoce a nuestro héroe. Esa química entre John McClane y el público es mérito de un Bruce Willis fantástico, el clásico héroe americano, tan de moda por aquel entonces en películas como la propia Commando o Acorralado.

John McClane es diferente, y en esa diferencia recae parte de la magia de la jungla de cristal. Bruce Willis interpreta a un policía de Nueva York en trámites de separación y que viaja a Los Ángeles para intentar reconciliarse con su mujer. Y será allí, en el edificio Nakatomi cuando se desate toda la acción al apoderarse del edificio un grupo de terroristas y tomar por rehenes a todos los empleados de la multinacional en la que trabaja la mujer de McClane. Será Willis el único que logra escapar y esconderse entre el edificio.

Mc Tiernan nos muestra dos puntos de vista muy bien diferenciados, por un lado están los que viven la historia desde dentro (McClane, terroristas y rehenes) y los que la ven desde fuera (los policías), y por supuesto tenemos a All Powell como nexo de unión entre ambos. Reginald Venjohnson está sencillamente magistral en el papel de un policía atrapado por un complicado pasado que se identificará enseguida con un John McClane atrapado por sus problemas conyugales.

Poco se puede decir también del papel de Alan Rickman, que interpreta perfectamente a Hans Gruber, el malo de la historia. Son dos personajes antagónicos. McClane es bruto, desgarbado y maleducado, sin embargo Hans es todo lo contrario siendo un asesino despiadado. Entre ambos firman la mejor escena de la película cuando Gruber es sorprendido por McClane y se tiene que hacer pasar por un rehen que ha logrado fugarse. Desde este instante hasta el final la película es un tormento de adrenalina culminada con la muerte de Alexander Godunov a manos de All Powell firmando su redención con la vida.

La esencia de esta obra maestra del cine de acción reside en que después de más de dos décadas la película no solo no ha envejecido sino que en el revisionado de la cinta uno se da cuenta que sigue siendo igual de buena o mejor que en su época. Los actuales directores deberían captar el mensaje y dedicarse a filmar cine de acción como éste.

Match point

Match point, la última perla de Allen

Cuando el 2005 tocaba a su fin llegó a la gran pantalla Match point, la que por aquel entonces era la última película de Woody Allen y que hoy día sigue siendo una de sus mejores creaciones. Admirando a Allen como lo admiro pero sin ponerlo a la altura de Eastwood o Fincher hay que otorgar la categoría de obra maestra a esta cinta que contiene todo lo necesario para ensalzar el séptimo arte. Hacía tiempo que no veíamos a un Woody Allen tan inspirado, tan entusiasmado con una película donde además de brillar su dirección también lo hace un fantástico guión y unos actores que están a la altura de la película.

Match point nos cuenta la historia de un ex tenista que se muda a Londres para dar clases. Será allí donde conozca a una mujer de clase alta con la cual se casará, sin embargo también sabemos de antemano que acabará enamorándose de otra. Estos datos los tiene el espectador antes de ver la película, los restantes serán un torbellino de cambios y giros en la historia que no dejan de sorprender. El punto algido de la historia es su media hora final, sencillamente brillante tanto por su fuerza emocional como por lo imprevisible que resulta.

Allen dirige la obra magistralmente, nos muestra todo el encanto de Londres y de su sociedad. Nuca jamás hemos visto a esta ciudad de esta forma. Lo de fotografiar ciudades es un clásico en el director, es algo con lo que disfruta y con lo que nos hace disfrutar. Con tan solo media hora uno respira aire londinense desde su butaca, se ve instalado en la ciudad respirando su aroma. y la historia no ha hecho más que comenzar.

Luego hay que destacar el reparto. Todos sin excepción están magníficos pero son especialmente dos los que sobresalen por encima del resto. Jonathan Rys-Meyers se echa toda la película a su espalda. Y no duda en ningún instante. Sus gestos, sus miradas, sus decisiones…es una de esas interpretaciones que pasan a la historia nada más ver la película. Y qué decir de Scarlett Johansson. En esta cinta demuestra todo lo que va a ser, demuestra que va a ser una actriz referente en el cine estadounidense de los próximos años. Su primera escena es el sumum de la sensualidad y el erotismo. Sin darte cuenta te has enamorado de ella y de su personaje, el de una chica pasional, fria y a la vez perdida en un mundo que se le escapa de las manos lentamente. Es guapa, es dulce, es brillante, es convincente y está sencillamente espectacular. Su físico llena la pantalla cada vez que aparece en ella.

Uno de los  grandes méritos de Allen está en plasmar un guión sin fisuras y trasladarlo de forma ejemplar a la pantalla. Las más de dos horas de duración se te pasan volando, deseando que no acabe nunca. La puesta en escena es formidable, incluso Woody Allen se olvida de su habitual pudor para mostrar un par de escenas subidas de tono, aunque siempre desde la prudencia, sin mostrar nada más de lo necesario. Por último hay que destacar el último gran mérito de la cinta que es su inquietante final. La historia se nos muestra tal cual ocurre. Allen no busca juicios morales y se olvida totalmente de la moralidad de los últimos actos. Cada cuál los debe interpretar a su manera.

En resumen es una película maravillosa, una de esas que nada más verla se queda en tu retina y nunca podrás olvidarla. Por muchas cosas, por la dirección de Allen, por Scarlett, por un guió que roza la perfección y por unos giros finales que te dejan impactado. No se puede describir con un adjetivo que no sea el de obra maestra. Gracias Woody.

Camino a la libertad

Camino a la libertad, a un paso de la excelencia.

 

Peter Weir, el renombrado director que nos deleitó con el Show de Truman o Master and Commander, vuelve a la carga con esta superproducción basada en hechos reales (o tal vez no) donde destaca el buen papel de Ed Harris por encima del resto y donde se nos presenta la eterna pelea entre los límites del cuerpo humano contra la propia naturaleza. Weir nos presenta una obra basada en la fuga de un grupo de presos de un gulag siberiano a través de toda Rusia, Mongolia y el Himalaya. Un recorrido de miles de quilómetros donde la angustia humana es elevada a la enésima potencia. Donde el sufrimiento se convierte en rutina y donde las relaciones humanas prevalecen por encima del resto.

Lo cierto es que con las expectativas generadas la película nos deja un tanto fríos. Logra adentrarnos en la épica pero nunca consigue terminar de emocionar al espectador. Los personajes están correctos, tanto Colin Farrel como Jim Sturguess cumplen con nota, como suelen hacer mientras que el eterno Ed Harris está por encima del propio film, como ha hecho durante toda su carrera. Weir se sirve de este buen elenco de actores y de una fotografía excepcional para contarnos una gran historia, épica como ya hemos dicho pero que no termina de emocionarnos. Y este es un debe excesivamente grande para una película de este tipo. Es cierto que el director llega a fascinarnos con toda la épica que envuelve a la historia, sin embargo no llega a esa excelencia que le reclamábamos.

El gran problema de la película, amén de que no termina de emocionarnos, son las excesivas desventuras que sufren los protagonistas. La lucha constante contra la naturaleza está muy bien tratada, muy bien fotografiada. En todo momento somos conscientes del paso del tiempo y sus efectos. Vemos crecer las arrugas en los protagonistas, vemos a un Ed Harris maravilloso en el paso por el desierto del Gobi y vemos a una fantástica Saoirse Ronan, con la única que el espectador llega a sentir algo dentro. Sin embargo todo esto no es suficiente para deleitarnos y con su excesiva duración provoca en el espectador una especie de deseo de que termine el viaje. Un mal sabor de boca para una película que promete, que parece, pero que no logra la excelencia. Y es una pena.

American Gangster

American Gangster, el mejor Ridley Scott

Claro que el mejor Ridley Scott reunió a dos genios del cine y en especial de este género de gansters, corrupción, drogas…como son Russell Crowe y Denzel Washington. Los tres configuraron un grupo perfecto que dió origen a una película sensacional, de un ritmo muy alto, contada perfectamente y donde el espectador podía disfrutar de todas y cada una de las escenas. Mezcla acción con dramatismo, sentimientalismo con dureza. Es un cóctel explosivo donde vemos la inspiración que desprendía en esta época Ridley Scott tras Gladiator.

La historia nos narra la historia de dos personajes enfrentados el uno al otro en dos horas y media que se nos pasan volando, sin darnos cuenta de la maravilla que estamos presenciando. Y este es el principal mérito del director que le da un ritmo sensacional a la película para que no te deje ni pestañear. Luego las figuras de Washington y Crowe brillan con luz propia cada uno en un bando y enfretados directa e indiretactamente. Desde la primera y cruenta escena hasta el mágico final que nos regala Ridley Scott el espectador disfruta de una historia y una narración magnífica.

La película nos presenta la figura de Frank Lucas, y como siendo chófer de un capo de la mafia de Nueva York que acaba muriendo acaba haciéndose con el control de las drogas en una época donde los gangsters y la corrupción están a la orden del día. Lo hace con estilo, con orden, con diplomacia, sabiéndo cuando hay que repartir cariño entre los suyos y cuando hay que apretar el gatillo. Todo esto sin pestañear, sin dudar un solo instante. Y es aquí donde la figura de Denzel Washington se eleva, sin sobreactuar, dejando una interpretación insuperable. Por otro lado tenemos a Richie Roberts, un policía honesto pero con una vida un tanto desordenada y cuyo objetivo es acabar con el problema de la droga. Ambos caminos se cruzarán irremediablemente.

La película destaca por lo bien que fluye toda la historia, por como el director logra manteneros sin respiracíon los 150 minutos sin apenas haber acción pura y dura. Todo sigue su curso, desde el viaje de Washington al epicentro de la heroína hasta ese demoledor final que nos regala Washington a la salida de la cárcel. Es sencillamente maravilloso cómo llegamos a comprender una historia en la que podemos observar una enorme cantidad de personajes y escenarios, todos bien conectados entre sí.

Además la película nos regala esa doble visión de la realidad tan pocas veces vista en pantalla. Sin trucos ni trampas el espectador se identifica más con el traficante que con el policía pese a saber interiormente que el primero es el que se equivoca. Frank Lucas es un hombre elegante, que trata bien a los suyos…mientras que Roberts es un policía un tanto desgarbado, que se nos presenta con problemas con los suyos…En esta faceta también brillan los dos actores, ellos dos solos consiguen que el espectador sienta lo que siente.

En conclusión, estamos ante un film maravilloso, con un director en estado de gracia que nos engancha desde la primera escena a la última con una historia desgarradora que tiene acción, violencia, sentimiento…y con dos actores que brillan con luz propia por encima del resto del reparto e incluso por encima de la propia historia. Ellos dos nos llevan por donde les interesa. Brilla más Denzel por el tipo de personaje al que interpreta pero Crowe vuelve a demostrarnos el pedazo de actor que es. Una joya.

Gladiator

Gladiator, el legado de Russell Crowe

A Ridley Scott le llegó la gloria con dos obras de arte de culto como Blade Runner y Alien, filmadas ambar hace casi 20 años ya. Tras un buen parón el director norteamericano busco la gloria con dos películas de alto presupuesto como Tormenta blanca o la teniente O’Neill, pero fracasó estrepitosamente.  Poco después de estos dos proyectos cayó en su mano el guión de Gladiator, una auténtica golosina que Ridley Scott, sin llegar a convertirla en una obra maestra, consiguió recuperar el prestigio perdido.

El director recuperó el género de romanos, esa mezcla de película bélica y de aventuras situada en un contexto histórico muy definido. Ridley Scott redefinió el género que décadas atrás habían dado lugar a obras cumbre del cine como Ben Hur, Cleopatra o Espartaco. Después del enorme exito que alcanzaó la película despertó el interés en este género nuevamente y poco después de Gladiator pudimos ver grandes super producciones como Alejandro Magno, Troya o 300.

No hay que olvidar que la película es del año 2000, donde la cinematografía digital estaba ya muy desarrollada, sin llegar a ls niveles actuales obviamente. Sin embargo, al ver la película  y compararla con otras de su mismo año vemos que Ridley Scott no supo sacarle todo el partido a los efectos de la digitalización. En Gladiator observamos algunos defectos en ciertos planos aéreos asi como en la arquitectura romana. Y, siendo consecuentes con la historia, los hechos tampoco se cuentan con la fidelidad en la que ocurren, algo que si logró la serie Roma años más tarde.

La película en sí nos cuenta una gran historia, una historia épica que llega al espectador medio y lo hace salir ensimismado del cine, como también me ocrrió a mi, por cierto. Sin embargo, en el revisionado de la cinta se pueden observar ciertos errores de bulto de un Ridley Scott en baja forma. El director inicia la película con una batalla entre germanos y romanos donde ya podemos observar la fuerza que transmite el personaje de Máximo Décimo y donde vemos un primer fallo de puesta en escena colocando la imagén del emperador Marco Aurelio (gran trabajo interpretativo de Richard Harris) cada pocos segundos en mitad de la lucha.

Tras la batalla comienza la presentación de los personajes y rápidamente conocemos a Máximo (Russell Crowe), Cómodo (Joaquin Phoenix) y Lucilla (Connie Nielsen). Pronto presenciamos el paso de autoridad de Marco Aurelio a Máximo y el golpe de estado de Cómodo asesinando a su padre y autoproclamandose emperador de Roma. Cómodo manda asesinar a Máximo y a su familia para dirigirse a Roma como el verdadero emperador. Esta parte de la historia es brillante, crea emoción en el público. Por supuesto, Máximo escapará de la muerte y clamará venganza contra el nuevo emperador.

En los minutos siguiente presenciamos el gran debe de la película y de su director. Tras escapar milagrosamente de la muerte, Máximo viaja en caballo de nada más y nada menos de Germania a Hispania para comprobar nada más llegar que su mujer y su hijo han sido asesinados. Toda esta secuencia de imagenes las acompaña de un ritmo lento y de un estilo pausado que no transmiten al público lo que busca la película. Poco nos importa que hayan violado una y otra vez a su mujer y asesinado a su hijo. El espectador no termina de identificarse con el personaje, algo de lo que se tendrá que encargar un excelente Russell Crowe posteriormente. Luego, sin saber cómo, aparecen unos esclavistas en su tierra, cogiendolo y llevandoselo para que haga de gladiador. Nuevamente Ridley nos muestra unas imagenes que dan síntomas de que el director no sabe muy bien lo que está contando.

A partir de aquí la película mejora mucho gracias única y exclusimavente a Russel Crowe, brillante del minuto uno hasta el último. Es fuerte, es leal, es compasivo, es valiente…lo tiene todo. Sostiene el solo la película con una fuerza desmesurada. Russell Crowe se hace el dueño del personaje y le otorga verdad, esperanza y tristeza. Cuando más agua hace la película más fuerte aparece la figura de Máximo para convencernos de que estamos ante una gran obra, y ante un personaje que nos produce compasión por todo lo que ha pasado y está pasando.

A su lado Joaquin Phoenix hace un buen papel pero no está a la altura del malo que debería ser. Evidentemente tampoco le ayuda el guió que apenas le da oportunidades, mostrando unicamente su lado más psicótico, que nadie termina de entender muy bien. Tampoco tiene oportunidad de brillar excesivamente la guapa Connie Nielsen, que en muchos momentos parece una figurante más que otra cosa. Por eso, podemos decir claramante que el éxito de la película es unicamente del brillante Russell Crowe y no de un Ridley Scott que da la sensación de no disfrutar de lo que está intentando contar.

Luego, es cierto, que la cinta nos regala algunos momentos míticos, como esa primera conversación en la arena entre Máximo y Cómodo, donde vuelve a destacar la fuerza del protagonista y donde todos descubrimos cual será el final de la historia. Las batallas que nos muestra la película no son de la violencia que deberían ser, Máximo vence a todos los que tiene delante. Después de una dura batalla contra un célebre gladiador y un tigre el protagonista se une a una revolución contra Cómodo que no saldra bien. Traicionado y obligado a luchar de nuevo en la arena Máximo, medio moribundo mata al emperador Cómodo antes de morir para salvar a Roma convirtiendola en una República.

Después de su victoria ante Cómodo Maximo pronuncia sus últimas palabras antes de caer muerto sobre la arena del Coliseo. Es aquó donde comprobamos la fuerza del personaje, con el que nos hemos identificado por la fuerza que emana Russell Crowe durante las casi dos horas y media de metraje. En resumen, y como ya hemos dicho anteriormente, estamos ante una gran super producción y un enorme éxito de taquilla gracias a la interpretación del mejor Russell Crowe y a una historia, que si bien no está contada como debería, tiene una gran fuerza dentro de sí.

Además de todo lo contado, Ridley Scott cuenta con un Hans Zimmer en estado de gracia que nos deja una de las mejores bandas sonoras que se recuerdan en el cine. Con la canción de Now we are free sobre los créditos finales el espectador queda más que satisfecho de haber disfrutado de una película que ya jamás olvidará.


El club de la lucha

El club de la lucha y la grandeza de Pitt y Norton

Hay películas que no vale con verlas una vez para apreciar la belleza, la ironía, la crítica social que realizan durante toda la cinta. Esta es una de estas obras llevada a cabo por uno de esos maestros del cine urbano, de uno de los directores más infravalorados del cine. Fincher se volvió a reunir con Brad Pitt como ya había hecho en Seven y posteriormente haría en el Curioso caso de Benjamin Button para crear una película gigantesca, especial, que mucha gente vilipendió por su excesiva violencia pero que sin embargo era una crítica clara a todo lo que mostraba.

El club de la lucha nos presenta a Jack (sublime Edward Norton) como una persona insomne, con un buen trabajo, un buen piso y una vida asentada pero que unos u otros motivos no termina de ser feliz. Jack acude cada noche a visitar a un grupo de enfermos para intentar dar sentido a su vida hasta que un día en un viaje de avión conoce a Tyler Durden (el mejor Brad Pitt que hemos visto) y juntos formarán el Club de la lucha, queacabará teniendo un éxito inesperado.

Fincher nos presenta una historia sin tapujos, donde se toma todas las libertades que quiere y que la sociedad de finales de los noventa permite. Fight club es una película distinta que realiza una crítica a todo lo que nos enseña, al capitalismo, a las normas sociales, a los clubes de pelea (que existan), a las relaciones sexuales, a la vida laboral, a las enfermedades…El club de la lucha va a por todas desde el primer instante hasta el histórico final, uno de los mejores finales del cine que mis ojos han podido presenciar.

Una vez que conocemos al fracasado Jack y a Marla, (excepcional también Helena Boham Carter) a la que conoce en una de sus visitas nocturnas con enfermos Fincher nos presenta la enorme figura de Tyler Durden, que representa lo que todos buscamos en esta vida. Desde el primer instante se nos muestra como un personaje diferente al resto, una especie del alter-ego de nuestro protagonista. Los dos se convierten en inseparables, Tyler empuja a Jack a la vida que siempre soñó, a dar rienda suelta a su otro yo. Pero la historia se complica y al final nuestro narrador tendrá que enfrentarse al enorme monstruo que ha ido creando.

Tras dos horas de fantástica dirección, interpretaciones, fotografía, montaje…la película nos muestra un final mágico, inigualable con Edward Norton venciendo a su otro yo Tyler Durden y viendo el apocalipsis financiero desde lo alto de un edificio agarrado a la mano de Marla. Aqui una de esas frases geniales que nos regala la película para rematar la faena “Creo que me has conocido en un momento extraño de mi vida”. Asi  Fincher pone el broche de oro a una película que no todo el mundo ha sabido apreciar por desgracia. Unos la consideran violenta, otros un sin sentido, pero lo dicho es que esta obra maestra nos muestra una crítica a todo lo que nos rodea a diario y deja una huella dificilmente borrable con el paso del tiempo. Si algo queda claro es que el club de la lucha no deja indiferente a nadie, la amarás o la odiarás.

Million dollar baby

Million dollar baby, el eterno Eastwood

Hay películas que trascienden, que van más allá de lo humano, otras que nos muestran las maravillas que hacen los ordenadores, que nos cuentan que el sueño americano siempre se cumple. Hay héroes que nunca sangran como James Bond, otros que sí sangran pero que parecen inmortales como John Rambo…y hay otros, que son los anti-héroes, como Frank Dunn, el dueño del pequeño gimnasio donde se inicia la trama de esta enorme película a la que podemos catalogar como obra maestra con todas las letras.

Million Dollar Baby es mucho más que una película de boxeo, es una película sobre lo dura que es la vida, sobre eternos perdedores, sobre gente a la que le cuesta salir adelante. Clint nos presenta a Frankie Dunn (interpretado por sí mismo) como a un veterano entrenador de boxeadores, alguien tradicional, que acude a misa, que lee a Yeats y que habla continuamente con el ex-boxeador Scrap (excepcional Morgan Freeman) que se dedica al cuidado y la limpieza de su gimnasio. La película nos muestra rápidamente el complicado carácter de nuestro protagonista y como la vida le ha dado la espalda con una hija a la que escribe semanalmente y de la que nunca obtiene respuesta. Después el director nos muestra la figura de Maggie, interpretada magistralmente por Hillary Swank, como una camarera treintañera, frustrada con la vida, peleada con sus padres y que quiere ser una gran boxeadora.

Junto a ellos dos y a Scrap (Morgan Freeman) el gran protagonista de la historia es el gimnasio Hit Pit, un escenario que cobra casi tanta importancia como los propios personajes. El Hit pit es una especie de purgatorio redentor al que acuden “nuestros perdedores” para olvidar la vida que tienen fuera de él. Por primera vez en una obra de Clint el espacio llega a la misma importancia que los propios protagonistas.

La trama de la película mezcla clasicismo con modernidad. El boxeo es la excusa perfecta que nos muestra el director para hablarnos de su filosofía, la filosofia de un hombre que no termina de atreverse a hacer ciertas cosas por su eterno miedo a perder. Gracias a la labor interna de Scrap Frankie acepta el contrato con Maggie, a la que poco a poco el entrenador va llegando a querer, nunca sabemos de que forma; podemos pensar que “la trata como la hija que nunca ha tenido” o como algo más que le sirve para completar su vida. Eso nunca lo llegamos a descubrir. Lo que si sabemos es que la película, fantásticamente fotografiada por Stern, nos deja una colección de imagenes y gestos para el recuerdo en el rostro del mejor Eastwood actor que nunca hayamos visto en el cine.

“Para ganar en el boxeo, hay que moverse hacia atrás. Pero si retrocedes demasiado, al final ya no estás luchando”. Con esta frase sobre boxeo se nos resume la idea de la película, su filosofía. Eastwood nos guía desde el principio hacia un final de los suyos, un final duro, inesperado y totalmente convincente. La película no nos aleja de la realidad, nos la hace palpable, nos identifica con dos personajes evocados a un triste final desde el minuto uno. En el final de esta obra de arte Scrap nos cuenta como ambos personajes abandonados a su suerte, de diferentes formas, salen de esta historia y cuyo final siempre quedará en el olvido. Pero ambos, obtienen esa redención que andan toda la cinta buscando.

Vean la película, no hay discusión posible, es una obra maestra del cine, una película distinta, especial, donde Eastwood termina de dejar atrás a Harry el sucio, a ese tipo duro que siempre fue para seguir mostrandonos como ya hizo con Mystic river la cruda realidad, lo que es la vida real. Genio.

Jurassic Park

Jurassic park…¿que pasó Spielberg?

Poco antes de iniciarse la década de los noventa los grandes directores del cine comenzaron a preguntarse que pasaría si se crearan grandes criaturas a través de un ordenador…así, el primero que logró un gran éxito en esta ciencia fue James Cameron con su T-1000 en Terminator II: el juicio final. Spielberg, que siempre fue un precursor, decidió dar un paso más adaptando la novela más vendida del mundo, Jurassic Park, al cine. Con este paso más Spielberg no solo creaba una criatura, sino que explotaba el mundo de las criaturas en masa creadas por ordenador.

Para empezar la crítica hay que afirmar que el director era uno de los más brillantes del momento, sus últimas obras maestras como “E.T.” o “La última cruzada” le habían otorgado esta posición. Sin embargo Spielberg perdió una enorme oportunidad con esta película, que daba mucho más partido de lo que finalmente dió. Aunque eso si, el director consiguió en grandioso éxito de taquilla, el mayor hasta aquel momento, asegurándose un buen futuro de proyectos por delante.

La novela de Crichton era un canto a la literatura de aventuras. Tenía todo lo que se podía pedir, intensidad, ilusión, dramatismo, algo de terror, y un mensaje que cala muy hondo en el lector, además de unos personajes fantásticos, muy bien creados por su autor. Era un material perfecto para un director como Steven Spielberg, pero detrás de un guión bastante pobre se escondieron unos personajes excesivamente lineales y una trama demasiado sencilla que solo salvaron lo novedosa de la película y un par de escenas donde Spielberg dejó todo su ingenio.

La película nos muestra la que va a ser su sencillez desde el primer momento con una escena excesivamente forzada en la que un ingeniero del parque es herido por un velocirraptor cuando intentan introducir a éste en el parque. La segunda secuencia es totalmente surrealista, inventada por el guionista, pues no aparece en el libro, donde vemos el hallazgo del mosquito fosilizado. Será en la tercera escena donde el director nos comienza a mostrar a los personajes principales, en primer lugar Grant y Ellie, a los que les une una relación totalmente absurda e innecesaria. Y, posteriormente, se nos presenta al director del parque, Ian Hammond. Aquí es dónde está el primer gran error, un Hammond que en el libro es el personaje vital de la novela, un personaje oscuro y enigmático se acaba convirtiendo en uno más. Por suerte Richard Williams estuvo inspirado en la banda sonora que disfrutamos en el viaje a la isla acompañada de una serie de imagenes y diálogos un tanto mediocres.

Una vez en la isla la historia tiene que empezar. A partir de aquí la película goza de tres grandes momentos y el resto es aburrir por aburrir. Conforme se va desarrollando la historia nos damos cuenta de que incluso el propio Spielberg parece aburrido y forzado a contar todo esto. Aun así la película nos deja tres grandes momentos: El primero es nada más llegar a la isla, cuando nuestros protagonistas observan al primer dinosaurio. Es una escena simple pero por novedosa destaca. Digamos que en aquella época trascendió bastante. Y luego hasta la aparición del “Rex” el director nos aburre, sin embargo, nos regala una escena enorme, llena de acción y pánico donde el espectador cree que a partir de ese instante todo va a ir rápido y la acción se va a desatar. Pero nada más lejos de la realidad.

A partir de ese instante la película deja de basarse en la novela, se olvida de sus ideas y se centra en otras, quedando un argumento bastante insulso y simple para lo que es la historia en sí. Spielberg nos su momento E.T. con la escena de los niños con el Estengosaurios y nos deja un gran final con la baza de los velocirraptores, sin explotar hasta ese momento en la trama.

La escena de los niños con los velocirraptores en la cocina es sublime, la mejor de toda la película sin ningún tipo de dudas. Tiene acción, intriga, es ingeniosa y audaz. Lo tiene todo. Tras la llegada delos mayores consiguen escapar todos por los pelos. Después de esta genial escena Spielberg cierra la acción con la aparición “misteriosa” del Rex neutralizando a los dos velocirraptors y observando como nuestros protagonistas salen por la puerta del complejo. Para terminar la historia Spielberg nos regala una de esas frases de humor ácido que tanto le gustan “sintiéndolo mucho, no apruebo su parque”.

Y mi pregunta es: ¿Es está esa gran película de acción y aventuras de la que tanto el mundo habló? Para mi no desde luego. Es cierto que es una película con muchas virtudes, si, pero con excesivos defectos. Fue novedosa, lo que la convirtió en un gran éxito, pero el director no estuvo especialmente inspirado, y como ya hemos dicho anteriormente aburrió al espectador en muchas fases de la historia. Además los actores están mal en su mayoría, es la película de Spielberg con la interpretación mas floja que recuerdo, además de sus clásicos “niños”, que nunca faltan. La película gustó en líneas generales pero quedó muy lejos de lo que debería haber sido siendo dirigida por un cineasta de su categoría y de su nivel.

Rambo: Acorralado

Rambo: Acorralado

El cine de acción y aventuras siempre ha sido considerado por los expertos como una categoría menor, algo de nulo prestigio y de una importancia mucho menor a otras formas de cine. Yo nunca he estado de acuerdo con esto y siempre lo he manifestado así. El caso es que algunos clásicos ochenteros como Terminator pasaron inadvertidos por la crítica y mucho más inadvertido paso este clásico de Stallone, “Acorralado”. Basada en una fantástica novela de David Morrell, la película no es del todo fiel al libro por la adaptación al protagonista, un excelente Sylvester Stallone. Está dirigida por Tedd Kotcheff, producida por Mario Kassar y se estreno en octubre del 82. Además la película nos deja una banda sonora inolvidable del magnífico Jerry Goldsmith con su “It’s a long road”

Revisionando la película una y otra vez me doy cuenta de que la cinta no ha envejecido con el paso del tiempo, mas bien lo contrario, se ha ido modernizando y su discurso y su fondo están más vivos que nunca en la actualidad. Es rápida, inquietante,vertiginosa y  con el drama de un hombre destrozado por la guerra merece un hueco mucho más alto y profundo del que ha tenido. Y es, sin duda alguna, uno de esos grandes clásicos de acción que nunca pasaran de moda y mucho menos en la actualidad donde este tipo de películas no pasan por su mejor momento.

El comienzo es sencillamente magistral, con un John James Rambo, veterano de la guerra del Vietnam, ex boina verde y medalla de honor del Congreso,  averiguando que el último de sus antiguos amigos ha sido devorado por un cáncer que ya trajo de la guerra. Rambo se queda destrozado y viajando sin rumbo aparece en el pueblo de Hope (Esperanza en castellano), lugar donde Rambo no podrá descansar ni comer debido a que el Sheriff local (excelente Bryan Dennehy) lo expulsa por vagabundear y termina arrestadonlo cuando Rambo intenta simplemente caminar por el pueblo.

Desde el minuto uno del film el espectador se identifica totalmente con Rambo, sin misterios ni trampas. Los que piensan que se exagera la figura del sheriff para ver en Rambo la bondad y en él la maldad les animo a que visiten ciertos pueblos norteamericano o, incluso españoles donde es tremendamente fácil entrar en conflicto con las autoridades locales. Rambo es maltratado y abusado en la comisaría, y será a partir del momento de su huida donde la película adquiere una violencia y una rápidez inusitada. La adrenalina se dispara en el interior al ver a Rambo escapar en la moto siendo perseguido por el sheriff, identificandonos con él y con esa forma de enfrentarse a unos policías, que son unos matones más que otra cosa.

Es a partir de aquí donde vemos  al verdadero John Rambo, un hombre que es magnífico en la guerra de guerrillas, en la lucha cuerpo a cuerpo. Los policías lo persiguen, van a por él, mientras el espectador espera que ocurra lo contrario y el protagonista termine con ellos. Cuando Rambo mata, por accidente, al más cruel de los policías se observa la humanidad del protagonista, intenta entregarse, que lo dejen libre pero la autoridad se niega. Su venganza será terrible.

A mediado de la película conocemos al coronel Sam Trautman, el hombre que ha formado a Rambo, que le ha enseñado todo lo que sabe. Hay una escena fantástica, un dialogo entre el propio coronel y el Sheriff Teasel donde Trautman relata cómo es y cómo se comporta Rambo, tratandolo de ser una máquina de matar, de ser capaz de “comer cosas que harían vomitar a una cabra”. Y, en todos los aspectos de la lucha, lo considera el mejor.

Acorralado logra el objetivo que persigue. Hay violencia, hay tensión, hay dolor, drama y, sobre todo, hay verdad. La dura realidad de los soldados llegados del Vietnam, de una guerra totalmente impopular en los Estados Unidos. Rambo refleja en una misma persona todo esto. La película no fue un gran éxito pero dio origen a la saga Rambo, que cerrará en breve Stallone con su quinta y última parte, pero dónde destaca claramente esta primera parte. Es un clásico de acción y aventuras que nadie debería perderse.

 

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