La mayor gesta de su carrera

 

captura2Cuesta asimilarlo o mencionarlo como tal, pero la victoria en el Abierto de Australia de 2017 es,  a mí entender, el mayor logro en la carrera de Roger Federer. No me gustaría nada más en el mundo que poder desentrañar lo que ha pasado por la cabeza del helvético estos quince días para tratar de dar con la tecla definitiva que ha propiciado esta epopeya, certificada ante su ‘nemésis’ Nadal en una batalla épica a cinco sets de un tenis descomunal.

Casi cinco años han pasado desde que Federer besara por última vez una copa de Grand Slam (hasta ayer), tiempo en el que al de Basilea le habrá pasado de todo por la cabeza. Un momento importante en su trayectoria llega en el año 2013. Stakhovsky en Wimbledon y Robredo algo después en Nueva York desnudan su tenis y muestran a un Federer roto por dentro y sacudido por fuera. Las alarmas se encienden y la palabra retirada empieza a sonar en su entorno.

Lejos de asimilar eso como pensamiento único, Federer da un giro de 360 grados en su carrera; contrata a Stefan Edberg con la única intención de acortar los puntos, de visitar la red y de reiniciarse, empezar desde la base otra vez. “¿Y para ganar a Rafa” pregunta Roger en su primera conversación con el excampeón sueco. “Tengo algunas ideas también”, le responde.

captura3Asumido el reciclaje, Federer vuelve a visitar entre 2014 y 2015 tres finales de Grand Slam y en todas ellas cae ante Novak Djokovic, quien parece dominar el circuito a su antojo. A pesar de la mejora en su tenis, Roger no logra el número 18, algo que atormenta su mente. “Ni Nadal ni Federer volverán a ganar un Grande” se escucha en cada tertulia tenística. Llegado 2016 ambos deciden parar y pensar, se retiran a su Manacor y Basilea natal y buscan la venganza en el entrenamiento y el esfuerzo.

A la agresividad natural, Federer realiza un cambio decisivo: la raqueta. Trabaja con Wilson para encontrar un arma diferente, menos pesada y que despida con más potencia para poder aumentar su agresividad y fiar así su tenis a ese talento natural que Dios le ha dado. Dicho y hecho. Tras un largo periodo de pruebas y ensayos, para 2017 Federer da con la tecla. Ha recuperado confianza, piernas y tiene raqueta nueva.

A partir de ahí, la historia se ha escrito sola, con un guion digno de un thriller hollywoodiense, donde los antagonistas van quedando en la cuneta con el devenir del torneo. Fuera de combate Djokovic y Murray, en el horizonte se atisba una final que resulta ser un regalo para los ojos de todos. La fortaleza de su nuevo juego se demuestra como nunca ante Nadal. El balear intenta martillear el revés alto de Federer, esquema que tantas tardes de gloria le ha dado, pero Federer, por primera vez en su vida, acepta el desafío mental y tenísitico hasta la gloria.

A cada tiro de Rafa, Federer anticipa y golpea el revés dentro de la pista, no dejándose dominar nunca, no permitiendo que Nadal coja ritmo. Cada golpe del suizo está cargado de un cianuro que va limando la resistencia del corajudo Nadal, que nunca dobla la rodilla. Sin embargo, la historia ya está escrita. Federer llora y agradece a Nadal la batalla. “Si pudiéramos empatar, me habría encantado hacerlo contigo, gesto que honra una batalla que jamás olvidaremos.

Si su legado era gigantesco, desde ayer, la carrera de Federer ha crecido, se ha duplicado, ha convertido la leyenda en mito, ha pasado a ser inmortal, a mirar a los ojos de Michael Phelps o Michael Jordan. Pase lo que pase a partir de ahora, Roger Federer ya es parte de la eternidad.

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