Y además “se llevan bien”

bn-rv318_nadalf_j_20170127113232A falta de unas horas para que Federer y Nadal salten a la Rod Laver Arena a darse raquetazos hasta la extenuación, el mundo del deporte se pregunta qué ha pasado para llegar a este punto. Vaya por delante que para el tenis esta final entre las dos mejores raquetas de los últimos tiempos es un regalo, pues la expectación generada no se tocaba desde hace lustros. Se entiende desde el prisma de la nostalgia, de sentirnos más jóvenes, de viajar a un pasado donde teníamos más pelo, saltábamos más y nos preocupaban menos cosas.

Antes de ahondar en los motivos por los que suizo y español volverán a verse en una gran final, conviene recordar que la última vez que ambos cruzaron miradas ante el trofeo de un ‘Major’ (Roland Garros 2011), Chris Froome no sabía lo que era ganar un Tour de Francia, el Real Madrid seguía anhelando la Décima y Barack Obama estaba terminando su primera legislatura como Presidente de los Estados Unidos. Como ven, algo ha llovido desde entonces.

Sin embargo, estamos en enero de 2017 y Roger Federer, ganador de 17 grandes y Rafa Nadal, cuya cuenta va por 14, han citado a medio mundo mañana a las 9:30 horas. ¿Por qué? De entrada, porque estamos ante una guerra cuyas batallas han regalado momentos para la historia. Al igual que un día ‘Magic’ Johnson y Larry Bird nos mantenían despiertos en la madrugada, o Barça y Madrid paralizan todo un país en cada uno de sus choques, los partidos entre Federer y Nadal nos hacen contener el aliento durante horas. Unos con uno, otros con el otro, pero el deporte mundial está con ellos.

xvm881a8272-45af-11e5-b99e-045dd98a3827Lejos de rivalidades enfermizas, “se llevan bien”. Por muy utópico que pueda sonar, es lo que demuestran año tras año. Hace apenas unos meses el suizo estuvo presente en la inauguración de la academia del balear, un encuentro que ha se ha vuelto trending topic estos días. Ambos han bromeado sobre ese momento. “No hace mucho estuvimos juntos y estábamos para jugar partidos de caridad”, confesaba Roger tras vencer a Wawrinka. “Nadie, ni nosotros, imaginábamos poder estar aquí cuando no pudimos ni jugar una exhibición” relataba Nadal tras su maratón ante Dimitrov. Estas cosas gustan, nos gustan.

¿Y qué hay del tenis? Pues casi todo. Apartados de las pistas mientras Djokovic y Murray paseaban talento y pulcritud por el circuito, las dos leyendas; una en Basilea y la otra en Manacor, planeaban su ataque a los cielos. El suizo ha vuelto con el talento de siempre, acompañado de una ilusión sideral, mientras que el cambio físico y mental ha devuelto a Nadal a sus mejores noches, en las que todo el mundo lo ve como un humano inabarcable, escapista de situaciones imposibles.

Mientras Twitter, Facebook y demás se jactan de esta final, les hacen reverencias, memes y dios sabe qué más, ellos trabajan, luchan y nunca se rinden. Todos los admiramos como deportistas, como personas, sin embargo, ¿Cuántos estamos dispuestos a hacer todo eso que hacen ellos? Seguramente sea eso lo que ha provocado que Roger Federer y Rafa Nadal estén mañana mismo en el primer gran partido de 2017. Y si no vuelve a pasar, ya saben, no lloren por ello, sonrían por que lo han visto.

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