La fuerza del destino

Recuerdo perfectamente aquella carrera, recuerdo su pelo rubio, el cesped de Wembley…es curioso como el cerebro humano recuerda momentos y los almacena para no expulsarlos nunca. Es algo que no elegimos nosotros, simplemente hay ciertos momentos o instantes que siempre permanecen en nuestra memoria. Pongámonos en situación, mayo, 1992. Allí estaba yo, un niño de apenas cinco años de edad ocupando todo el sofá de mi casa, con mi madre sentada en una silla, rígida y obviando la televisión, como ha hecho otras tantas veces cuando el deporte preside mi casa.  Aguantando mi cabeza está mi padre, cigarro en mano, y degustando una de las tantas finales de Copa de Europa que habrá visto por la tele. Una escena común, familiar.

Yo no era consciente de la importancia de todo aquello, preguntaba cosas cómo, ¿y por qué el Barcelona no va de rojo y azul? o ¿por qué el capitán no es el mejor del equipo? No entendía muy bien de qué iba ese juego. Ajeno a mis pensamientos, en la pequeña pantalla Koeman cogió carrerilla, franqueó la barrera italiana formada por los jugadores de la Sampdoria y arrebató de un cañonazo las telarañas de la portería que defendía Gianluca Pagliuca. El barcelonismo debió de estallar de alegría, al igual que haría en 2006, 2009 o 2011.

Aquella noche yo acabé de ver el partido entre bostezo y bostezo, con mi padre celebrado un éxito del deporte español. Este hecho, que puede parecer prescindible a simple vista, también tiene su historia. En 1992 un madridista de cuna como él sonreía al ver el logro de aquel equipo del norte de España, cuyo camino en la élite del fútbol estaba comenzando. ¿Se imaginan que ocurre algo así ahora? Yo tampoco.

Lo que más llama mi atención de este pasaje de mi vida es que de ese partido no recuerdo mucho más, no tengo la imagen de Guardiola con la Copa, o de otros instantes del partido, sin embargo, la carrera de Koeman, la potencia de su disparo, el gol y la celebración posterior mi cerebro decidió guardarlo bajo llave.  Tal vez el destino me estaba vistiendo ya aquella noche de azulgrana, una religión que profeso desde poco tiempo después, aunque no sabría decir la fecha exacta. ¿Acaso sabrían ustedes decirme desde que día son del equipo por el que ríen y lloran?

Con el Barcelona celebrando su primera Copa de Europa en ese talismán que es Wembley yo cedí y me dormí, consciente de que al día siguiente tocaba acudir, como cada mañana,  a la escuela. A lo lejos escuchaba coches pitando, petardos, pero no quería abrir los ojos, no lo necesitaba.  Este era solo el comienzo de una gran amistad, la amistad que desde aquel día forjé con el deporte, una amistad que perdurará por los siglos de los siglos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: