El olor a palomitas

11519020-palomitas-de-maiz-bebida-y-el-cine-vector-de-rolloSe escucha el llanto. No proviene de un hospital, ni de un hogar normal. Llega desde la esquina, de ese edificio alto, de donde la gente todavía suele sonreir cuando sale. No es fácil de asimilar todo esto. Nos lo vienen contando, pero desde lejos, y nosotros, incrédulos por naturaleza, cerramos los ojos y taponamos nuestros oídos. Recuerdo mi infancia con ternura, recuerdo mi primera vez, y las palabras de mi madre, “si te comes todas las fresas este fin de semana vamos, que han estrenado esa de los dinosaurios”

Yo no lo dudé, devoré las fresas, pasión oculta hoy día en las noches de soledad. Para que veamos como cambian los tiempos. Acabé pegado al sillón, ciertamente mucho menos cómodo de los de ahora. “Jurassic Park” superó las expectativas de un niño de cuatro años que apenas estaba asomando al mundo. Era precoz, tal vez demasiado, pero sabía que aquella visita no iba a ser la última. !Y qué grande es la pantalla¡ ¿Y el sonido? ¿Por qué en casa no se oye así, mamá? Debía preguntar por aquel 1991 en las que pisé una sala por primera vez, al tiempo que intentaba ver la película, evitando la cabeza del clásico señor mayor que se me sentaba delante.

La noticia me ha impactado hoy, al enterarme que Pontevedra, capital de provincia gallega que supera las ochenta mil personas, se ha visto obligada a cerrar el último cine, que constaba de 8 salas. Los medios apenas han hecho caso, no es noticia, por así decirlo. Al tiempo que los ipad, los iphone…nos llegan por todos lados, el viejo olor a palomita al apartar la cortina del cine se desvanece lentamente, preso del paso del tiempo y de una evolución que nos hace hablar del llanto.

Allí está la vieja butaca, en un rinconcito de mi cabeza, y la escucho llorar, sola, abandonada. Es un recuerdo que sacude mi cabeza, y me da rabia, lo odio. ¿Acaso nos ha dejado de gustar el cine? ¿Nos da igual verlo en casa? ¿O nos están dejando sin cultura, con tanto recorte y esas subidas de precio? Me cuesta entender la respuesta, me duele no saberla y me repude la idea de que esta situación se repita en más ciudades. No lo permitamos. Que ese olor a palomitas impregne nuestra vida de sonrisas, y no de lagrimas.

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