Cuatro nombres que cambian el fútbol (Parte 1)

Rosell_Pep_Guardiola_firma_renovacionMourinho y Guardiola cambiaron la concepción del fútbol. Más allá de lo habitual, estos dos genios de la pizarra dibujaron en sus equipos la inmortalidad, la invulnerabilidad. Los tiempos donde un empate fuera de casa era un resultado correcto, dieron paso a otros donde un tropiezo en Mestalla o San Mamés, se convertía en una puñalada casi mortal. Para aderezar todo esto, el noi de Sant Pedor se unió a Leo Messi, en uno de los matrimonios más emblemáticos de la historia del fútbol, mientas que el de Setubal, por su parte, selló su alianza con Cristiano Ronaldo, el dominador del flanco izquierdo. Y entre los cuatro emprendieron un camino, el de cambiar la historia del deporte rey.

Llegó primero Pep a un desdibujado Barça, llenó de dudas y de sombras, con la herida abierta entre Ronaldinho, Deco y Eto’o. Preso de una personalidad fuera de lo común en los banquillos, el catalán abrió la puerta de salida a los dos primeros, entregando el equipo a la zurda de Messi. Se habló del final de un ciclo, pero no se sospechaba que Guardiola estaba creando un monstruo que hoy, casi cinco años después sigue coleando y sembrando el terror en Europa.

Tardó dos años Mourinho en acudir a la llamada del madridismo. Con el Barça dominando el continente, el luso paró a los azulgrana en las semifinales de la Champions League. Aquel Inter, igual que aquel Oporto habían demostrado al planeta fútbol que la figura del entrenador nunca antes importó tanto. Así que Florentino entendió el mensaje. Que sea la pizarra la que los detenga. Guardiola, lejos de entregar la cuchara, aceptó el reto que suponía para él un cara a cara con el portugués durante todo el año.

Con el Barça llevando la bandera del fútbol por todos los rincones del planeta, el Madrid de Mourinho estaba dispuesto a conquistar el imperio azulgrana. Amén de Pep y Mou, Messi y Cristiano Ronaldo iban a empezar una guerra, cuyo fin desconocemos. Echando la mirada atrás, llegan a la mente imágenes soberbias de Shevchenko, Thierry Henry, Van Nistelrooy, Raúl González o Ronaldo Nazario. Arietes brillantes, letales ante la meta rival. Futbolistas que permanecerán eternamente en los libros de historia. Jugadores de 30 goles por temporada. Que engañados estábamos.

El concepto del gol es otro en estos días gracias a estas dos leyendas. Messi y Cristiano, en ese lejano 2010, arrancaron una carrera imparable, donde cada partido sin anotar era algo próximo a un drama. La influencia de estos dos futbolistas sore su equipo era tan majestuosa que, futbolistas como Xavi Hernández, Andrés Iniesta, David Villa, Karim Benzema o Xabi Alonso pasaron a un segundo plano. El fútbol, jornada a jornada, se rendía a sus dos estandártes. No veremos nada igual.

resizeMás allá de las rivalidades individuales, la pugna Barça – Madrid, con Guardiola y Mourinho en los banquillos quedó terriblemente marcada por el primer lance. Ese día, Mourinho puso sobre el verde a sus once elegidos para conquistar la liga, pero se encontró con el mejor Barcelona posible, que le hizo un roto. Aquel 5-0, ya en el olvido, marcaría a fuego la mayor rivalidad de nuestro tiempo. El antídoto encontrado por Mourinho, aún perdura.

Con la temporada a rienda suelta, y los dos colosos españoles enfrascados en la guerra final, cuatro clásicos casi consecutivos iban a poner en juego los tres grandes títulos del fútbol español (Liga BBVA, Copa del Rey y Uefa Champions League). Fueron momentos tensos, donde la tensión competitiva se podía cortar con un cuchillo. Nunca Barça y Madrid estuvieron más cerca de la enemistad. Mourinho había dado con la tecla.

La receta para aquel 2011 fue Pepe. Con la liga vista para sentencia, el Madrid aceptó el reto de la Copa y la Champions. El primer envite fue en aquella gran final de Mestalla. Ahí mandó Mourinho. Exprimió a los suyos, y estableció un plan de ataque. Pepe pasó al mediocentro y ahogó, en un alarde de talento defensivo y físico, al mejor Barça. El Madrid vapuleó tácticamente al Barcelona durante toda la primera mitad de aquel enfrentamiento, pero el descanso mostró al mejor Guardiola.

Pep reubicó a los suyos, alejó a Leo de la presencia de Pepe y el Barcelona se adueñó del choque. Era una partida de ajedrez entre 22 elegidos. Xavi, Iniesta y Pedro secundaron a Messi en el ataque azulgrana, mientras el Madrid, más desgastado por el esfuerzo físico se encomendó a Ronaldo para solventar el asunto. Cristiano aceptó la llamada, y asumió su papel de hombre franquicia, como gusta el término en la NBA. El partido ya era una agonía, y el 0-0 inicial invitaba a una prórroga maravillosa.

Cristiano-Ronaldo-dos-Santos-Aveiro

Las calles de más de medio mundo aparecían desiertas. La respiración de dos genios martilleaban las cabezas de todo el planeta. Leo miraba al suelo antes de santiguarse, Cristiano, erguido, alentaba a los suyos. Iba a ser el reflejo de la tremenda eclosión final. El portugués se elevó a las alturas, cerca del final del tiempo extra, para conectar un cabezazo que sacudió toda Barcelona. Madrid estalló de júbilo. El antídoto de Mourinho había funcionado. Pero quedaba la Champions, la competición de los mayores…

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