El ciclo de Leo Messi

969594-15871095-640-360Se habló de épica desde la previa, se habló de otra noche mágica. Pero sobre el césped solamente había dudas. Con este panorama Vilanova tomó una decisión arriesgada, plantear un partido abierto, de golpe a golpe, y que el talento decidiese. Y ahí es donde tenemos que volver a encumbrar la figura de Lionel Messi, dueño y señor del planeta fútbol en el último lustro. El argentino agarró a su equipo, y mandó dos zarpazos a la red en sus dos primeros disparos. Empató la eliminatoria, incendió el Camp Nou y derrumbó al Milan. El ciclo del Barça es el ciclo de Leo Messi.

El Milan entró con único plan al estadio, defenderse con todo y esperar que Niang o El Shaarawy cazarán un gol que certificase la clasificación. Pero se encontró con el Barça de los grandes días, un equipo imperial que te ahoga, te masacra, y desde la calidad técnica de su once te diluye. Pero ese equipo pendía de un hilo en la noche de ayer y, quién sabe lo que hubiese deparado la noche si ese fatídico error de Mascherano acaba en gol…Pero el partido dio mucho de sí.

De entrada hay que detenerse en la figura de Leo Messi. Partió desde la derecha, sin ser extremo siempre cayó en esa banda, desde la que mejor arranca. A diferencia de otros días, el crack argentino no tuvo que bajar tanto al centro del campo, y siempre jugó entre líneas, donde te mata. David Villa le hizo el trabajo sucio, despistó a los centrales y los fijó, aunque su juego de espaldas sigue sin ser el idóneo para el equipo. Pero ese despiste sirvió para que Leo cazara dos pelotas al borde del área. 2 goles. El primero de ellos irreal, de los que no existen. Su zurda es patrimonio de toda la humanidad.

El primer gol antes de los cuatro minutos alentó a los locales y desencajó la mandíbula de los italianos, que iban a tardar unos minutos en recomponerse. En esos instantes pudo hacer más grande la herida el Barcelona, pero primero el larguero a un disparo de Iniesta y después el colegiado que no quiso ver un penalti a Pedro mantuvieron al Milan en el choque. Los rossoneri se fueron asentando con el paso de los minutos, Ambrosini organizó a los suyos y el Barça bajó el ritmo. En un respiro de los de Roura se hizo el silencio en el Camp Nou. Mascherano, ejemplar toda la noche, cometió un error que pudo ser irreversible. No midió bien y permitió que Niang encarara a Valdés. Pero esta vez el poste se alió con los azulgrana, que pudieron respirar.

La acción envalentonó a los visitantes, que vieron vulnerable la transición defensiva local. Pero eso fue como cavar su propia tumba. En una de las salidas rápidas de los milanistas, Iniesta robó en zona peligrosa, habilitó a Messi, y el argentino volvió a clavar su aguijón. Era el elegido, el futbolista que nunca descansa. Se volvió a vestir de héroe, de dueño y señor del Camp Nou. Más de medio trabajo estaba hecho y las cámaras solo podían centrarse en la elegante zurda del rosarino. El aliento de una vida.

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La reanudación del partido en la segunda mitad sirvió para agigantar la figuras de tres hombres. El primero de ellos Sergio Busquets. Con el Barça más vertical que nunca, el mediocampista catalán volvió a ser el guardián de todo. Robó todo lo que pasó por su zona, no falló en una cobertura, y tuvo un 100% en pases acertados. Sin Messi sobre el césped, el mejor de los suyos. Andres Iniesta, el héroe en la sombra. Siempre supuso un respiro para el Barça cuando contactaba con el balón. Devuelto a su posición de origen, gobernó el partido, aceleró y frenó, y con la eliminatoria en el bolsillo se adueño del choque.

Pero si alguien merece un capítulo extra ese es Javier Mascherano. El argentino por fin fue un activo para su equipo. No se alejó de su error habitual en las grandes noches, pero esta vez tuvo excusa. Se vio expuesto siempre, en cada acción, y estuvo obligado a la anticipación en todas ellas, para que su equipo ahogara al rival en campo propio. En una de ellas erró ante Niang, pero estuvo excelso en el resto (veáse el tercer gol de su equipo como claro ejemplo de ello). El jefesito  esta vez si fue el de antaño.

Del Milan poco que decir que no se supiese. Es un equipo duro, ejemplar en el trabajo, pero escaso de talento en todas sus líneas. Solamente apretó cuando se vio fuera del todo. La grandeza de su escudo y de su camiseta inquietó al Barcelona, especialmente con la incursión en la zona ofensiva de Robinho y Bojan, que siempre, o casi siempre, tomaron decisiones acertadas, algo que no supieron hacer Niang, El Shaarawy y Boateng. Pero solamente el peor Barça de los últimos cinco años dio opciones a este equipo que anda lejos del de las siete copas de Europa. El Barça sigue en vuelo. Con Messi a la cabeza todo fluye.

 

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