Y Abramovich pudo ser feliz…

Cuatro hombres encarnan la historia reciente de este Chelsea: Didier Drogba, Frank Lampard, Petr Cech y el eterno capitán Joh Terry. Cuatro supervivientes de aquella amarga final pérdida en penalties ante el United de Cristiano Ronaldo, de aquella maldita semifinal que el destino les birló frente al Barça de Guardiola. El llanto en la cara de estos hombres era una verdadera costumbre, hasta que ayer, 19 de mayo de 2012, el destino del fútbol les devolvió todo aquello de lo que les había privado hasta ahora. Nunca la mística de esta competición se había reservado tal honor. La Champions se entregó en cuerpo y alma al Chelsea. Ya era su hora.

Siempre se ha dicho que el fútbol es de los futbolistas, de nadie más. Y así es. Ayer el futbol se reencontró con aquel inoportuno resbalón de Terry o con la perplejidad de Drogba tras verse fuera de aquella final. Sin embargo, toda la gloria que dio al Chelsea se la robó a otro de los más martirizados por los caprichos del balón, Arjen Robben. El holandés, alma matter de este nuevo Bayern, se vio ante la enésima tesitura de resolver una final. Un inocente penalti de Drogba le sirvió la oportunidad de redimirse de sus pecados, de y olvidar aquel error ante Casillas, pero la crueldad del fútbol le volvió a azotar. Su error desde el punto de máximo castigo dio paso a una tanda de penalties que condenó a su equipo. La crueldad del fútbol elevada a la máxima potencia. Otra vez Robben, otra vez en una final. Y las oportunidades rara vez vuelven.

El último nombre de esta Champions es el de Roman Abramovich. El magnate ruso lleva una década persiguiendo este sueño. Anoche, Drogba, en un alarde de generosidad cedió la “orejona” a su presidente. Abramovich la abrazó con una sonrisa de oreja a oreja. Sólo le faltó balbucear, Bilbo mediante, “mi tesoooro”. El sueño de una vida hecho realidad, 1000 millones de inversión después la Champions ya era suya. La tenia él, su trofeo, la ilusión de su vida. Abramovich volvió a nacer anoche, como el niño que encuentra un caramelo a la salida de su colegio. Ayer, un hombre con mas de 140 mil millones de dolares pudo ser feliz por levantar al cielo de Munich un trofeo futbolístico. Así de grande es esto amigos.

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