Se acabó el crédito

Siempre hay esperanza para los hombres, rezaba Morgan Freeman como presidente de los Estados Unidos en Deep Impact justo después de que un meteorito estuviera a punto de extinguir la especie humana. Una sensación ligeramente similar tiene el madridismo a día de hoy. Casi dos años después de que Mourinho fichara por el Madrid la parroquia blanca va abriendo los ojos al compás que dictan las derrotas ante el Fútbol Club Barcelona. El anti Messi, el anti Guardiola, el entrenador que iba a darle un giro de 360º al legendario ciclo del Barça comienza a andar en la cuerda floja. Su crédito disminuye y su popularidad decrece en cada una de sus intervenciones. Abandonado por la prensa y por parte del vestuario sólo los resultados le pueden avalar. Y ahí sigue mandando el eterno rival.

El elegante portugués se presentó en el Bernabeu con un mensaje bajo el brazo claro y contundente, “tranquilos, ya estoy aquí. Seremos mejores que ellos”. Acaparó los focos, obtuvo todas las piezas del puzzle que pidió e incluso cortó la cabeza de Valdano. Es decir, el Madrid se entregó a su bastón de mando, asumiendo las consecuencias, un todo o nada, la cruzada definitiva contra Messi y compañía. Pues bien, en poco más de año y medio hemos hablado de árbitros, de calendarios, de polémica….y muy poco de fútbol, y cuando el balón ha tomado la palabra el Barça ha vuelto a reinar. El proyecto de “El elegido” se tambalea y se resquebraja a la velocidad de la luz. La prensa ya se ha posicionado y el Bernabeu anda cerca de hacerlo.

¿Y la copa del rey? ¿Y el liderato de la liga? La pedrea. Alejados de forofismos cuesta equiparar la copa del rey del año pasado ante la tercera liga consecutiva y la segunda Champions en tres años del Barcelona, cuesta y mucho. Y ante la Supercopa y los dos clásicos disputados hasta el momento conformarse con el liderato en la liga suena a broma. Pero el centro neurálgico del problema habría que buscarlo en las formas, en el cómo. Y ahí el Madrid de Mourinho se mueve sin margen. Cada partido ante el Barcelona es una tortura, un disparate. En cada partido el mundo entero ve a un equipo desquiciado, de malos modos y que acaba derrotado ante unos chicos cuya única virtud es que se pasan el balón siempre de la forma correcta. Tan duro como real.

Por lo tanto la situación se está volviendo insostenible para un Mourinho acostumbrado a ganar y a que su entorno le deje gobernar a sus anchas. Lo ha tenido todo hasta ahora pero su tiempo se agota. El Real Madrid, entidad y afición, empieza a saber asumir con cierta elegancia las derrotas ante el rival pero se empieza a cansar de la prepotencia de un Mourinho al que se le nublan las ideas ante los de Guardiola. El miércoles tiene ante sí una de sus últimas opciones de volver a convencer a una afición harta de la racanería de su propuesta futbolística, de la actitud sobre el césped de ciertos jugadores y de unas ruedas de prensa donde todos son culpables menos el entrenador. El reloj ya marca la hora del fin. Tic tac, tic tac…

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