La historia recordará al Mirandés

Pasarán los años y el mundo entero seguirá hablando de Pablo Infante y su Mirandés. Es una de esas hazañas que en el mismo instante en el que ocurren se convierten en historia del deporte. No es necesario que pase el tiempo para valorarlas. El Mirandés ya es leyenda, su pase a semifinales de la Copa del Rey ya es una de las proezas del deporte mundial. Miranda de Ebro, un pueblo que apenas era conocido, hoy es el centro neurálgico de toda la información deportiva. Incluso por unas horas ha eclipsado el enésimo clásico del siglo que tendrá lugar mañana. La emoción que se ha vivido en el campo de Anduva no se puede describir con palabras, lo que debe sentir la afición de ese equipo no es comparable con nada en el mundo. Que el fútbol, un deporte en el que 22 personas persiguen un balón, sea capaz de generar una felicidad tan grande es algo que explica por si solo la grandeza de este deporte.

La víctima de todo esto ha sido el Español, convertido desde el pitido inicial en el malo de la película indirectamente. La condición humana es así, posicionarnos ante el débil para hacerlo eterno es algo característico en nuestra especie. Y hoy, España entera ha gritado el gol que en el minuto 93 llevaba el delirio a Anduva y dejaba al pequeño Mirandés en las semifinales de la Copa del Rey, después de apear por el camino a tres equipos de primera división. Y, como tantas otras veces hemos dicho aquí, el cómo ha vuelto a ser clave. En el último minuto, tras remontar un 0-1 y tras superar unas decisiones arbitrales en la ida totalmente perjudiciales. La grandeza de esta hazaña es equiparable a pocas cosas que mi mente recuerde en el mundo del fútbol. David derrotó a Goliat esta vez.

Y ahora hay que detenerse en la figura de Pablo Infante, el chico que ha revolucionado el panorama futbolístico en las últimas semanas. Es el pichichi de la competición, sí, por delante de Cristiano Ronaldo y de Leo Messi; con la diferencia de que este chico mañana madrugará para abrir la sucursal bancaria donde trabaja, para leer la prensa preocupado por si hay recortes en su trabajo y  por poder llegar a final de mes. Ese es Pablo Infante, el chico que ha puesto a Miranda de Ebro en el mapa para el mundo entero. La recompensa a una vida llena de sacrificios por el deporte al que ama, un deporte al que hoy todos queremos un poquito más gracias a la enorme hazaña del Club Deportivo Mirandés. Simplemente, GRACIAS.

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