El clásico de siempre

Apareció un Madrid extraño sobre el césped del Bernabeu, diferente si quieren llamarlo así. Mourinho alborotó su equipo, situó a Altintop en el lateral derecho, devolvió a Carvalho a la titularidad tres meses después y sacrificó el esfuerzo ofensivo de Marcelo por Coentrao. A eso unió un duro trivote comandado por Pepe con Alonso y Lass de ayudantes. Y arriba los tres estandartes, Cristiano, Benzema e Higuain. Y delante el Barça de siempre con Pinto, el del gusto por el balón, el elegante y con su once de gala. Mourinho cambió el discurso, pero nada más. Puso a su equipo colgado del larguero, se encontró con otro gol al poco de iniciarse el partido pero el Barça conforme empezó a dominar el choque creció hasta resultar el torbellino habitual. Volvió a ejecutar otra sinfonía perfecta en un Bernabéu acostumbrado a la debacle de su equipo ante el eterno rival.

El regalo de Pinto sirvió al Madrid para adelantarse tras una buena contra iniciada por Benzemá y rematada por Ronaldo. Era el minuto 12 y el Bernabeu estallaba. Esta vez sí se rumoreaba en la gradería blanca. Pues tampoco. Por un momento pareció que el planteamiento ultradefensivo de Mourinho daba resultado, pero como ocurrió en el clásico liguero el Madrid fue a menos y el Barcelona a más. Xavi, Iniesta, Cesc, Messi y Alexis empezaron a asociarse, a encontrarse y a buscar las rendijas de una defensa madridista demasiado parcheada. Guardiola no movió su defensa de cuatro, Alves guardó el sitio y el equipo de Guardiola buscó la rendija del lateral derecho cubierto por Altintop y Carvalho. Solamente Casillas, la madera y algún error poco habitual dejaron el partido con victoria local al descanso.

Pero en la segunda mitad llegó el acierto azulgrana, o error madridista si quieren y la película cambió. Un córner bien botado por Xavi, un error de concentración de Pepe y gol de Puyol. El Madrid se atemorizó y el Barça volvió a saberse superior. Mientras el Barça tejía su tela de araña el mundo entero observó la enésima cacicada de Pepe, a un simulacro de agresión se marcó un pisotón malintencionado a Messi que debería ser castigado con severidad. Una crueldad para el fútbol. Poco después de todo este chaparrón de líos apareció Messi, el eterno Leo Messi, para asistir magistralmente a Abidal, que aprovechó el error de Altintop para batir a Casillas y dejar al Barça con un pie y medio en semifinales. El madridismo abandonaba el Bernabeu antes de hora con la cara de siempre, con la idea de que este Barça es inabordable. El Barça de siempre en el clásico de siempre. La vida sigue igual.

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