De Ferrero a Nadal, una historia inolvidable

Rebozado sobre “su” tierra prometida, como once años antes había hecho Juan Carlos Ferrero inaugurando el palmares español en la Davis. Así estaba Nadal en la Cartuja, exhausto, sin aliento y con lagrimas acariciando sus ojos. Lo había vuelto a hacer él, era el héroe nacional una vez más. España estaba rendida ante el manacorense, que libró su última batalla ante Juan Martín Del Potro para dar a España su quinta copa Davis y poner un punto y seguido en un ciclo tenistico maravilloso.  Ferrero abrió el horizonte en el año 2000, otros como Moyá, Verdasco o Feliciano llenaron de gloria a España y Nadal, quién sino  ponía la guinda del pastel en otra tarde para el recuerdo del deporte español.

Ferrero, aquel mosquito incansable, tumbó a Hewitt y elevó a España a una cota que todavía estaba por alcanzar. Andres Gimeno, en su cabina, lo voceó “ya la tenemos”. Habían sido muchos años de sin sabores, de derrotas duras y, por fin, aquel grupo comandado por Javier Duarte en el banquillo se alzó con la gloria. En once años han llegado cuatro más, todas fruto de un trabajo formidable del equipo español. Fue Moyá el gran artífice de la segunda en Sevilla, con un Nadal imberbe que tuvo su primera gran tarde de gloria derrotando a Roddick en el partido inicial. Charly, su compatriota cerró ante el propio Roddick la segunda ensaladera. La historia hablaba ya español. El mundo del tenis estaba asombrado de un presente fantástico y de un futuro en las manos de prometedor Rafael Nadal, que apuntaba a ser un huracán.

Pero el gran hito de este equipo se escribió en Mar de Plata (Argentina) en 2008. Esa fue la final que catapultó nuestro tenis. Enfrente estaba un equipo argentino liderado por Nalbandian, número 4 del mundo por aquel entonces y un Del Potro que ya venía avisando de lo que luego sería. Para más inri Rafa Nadal no pudo acudir a la cita y Ferrer fue maltratado tenisticamente hablando por Nalbandian en el primer punto de la serie. Con todo perdido se irguieron las figuras de Feliciano López y Fernando Verdasco para tumbar al coloso sudamericano. Fue “Feli” el que golpeó primero ganando a Del Potro y los dos juntos nos acercaron al milagro tras un doble formidable. Y el domingo Verdasco culminó la machada tras un maratoniano partido ante Acasuso. Era la tercera, la más dificil, la más especial. El reino de España se expandía.

Mucha menos historia tuvo la final de la cuarta. Los checos nunca fueron rival para un portentoso equipo español liderado por Nadal. Pudo alargar la final Stepanek, que surgió como un huracán ante Ferrer pero que tuvo que claudicar ante el gladiador alicantino. El “Ferru” remontó dos sets abajo como tanto le gusta, a base de correr, de devolver bolas pérdidas y de creer siempre. Ganó y sirvió en bandeja de plata la eliminatoria para que Verdasco y Feliciano, un año después, confirmaran la hegemonía española. Y no fallaron.

Y llegó 2011, y llegó Nadal a la final, con dudas, con cansancio acumulado. Y dio igual. Pese a la peor versión del doble español Nadal y Ferrer han sido dos colosos, que nos ofrecieron dos partidos increíbles ante el gigande de Tandil, herido en su orgullo y peligroso como nunca. Se vació ante los nuestros, disparó bolas a las líneas para tumbar a la resistencia española ,pero acabó resignado ante la brega y el talento de Nadal y Ferrer. Del Potro salió de la Cartuja entre sollozos los dos días, los sollozos de un tenista espectacular, enorme, que engrandeció la quinta copa Davis del tenis español. ¿Es demasiado dar las gracias?

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