Legendario

Hace muchos, muchos años, por allá por el siglo XIII se empezó a jugar a tenis, primero con la mano y poco después con una raqueta. En aquellos tiempos sus primeros jugadores jamás podrían pensar que a este fantástico deporte se podría lograr la perfección que alcanzaron ayer en la final del US Open los dos colosos del tenis mundial: Rafa Nadal y Novak Djokovic. Ambos brindaron una final antológica, llena de golpes imposibles y que hicieron las delicias de un público neoyorquino entregado a la calidad y la fiereza de los números uno y dos del tenis. Triunfó Djokovic, como en las cinco finales anteriores del año, y lo hizo haciendo gala de un talento inigualable para el resto de mortales. Pero Nadal, nuestro Nadal, volvió a engrandecer su figura como tenista, y especialmente como deportista, dando una lección de pundonor, de entrega y de orgullo sabiéndose inferior a Djokovic pero luchando hasta que las fuerzas dijeron basta.

El partido arrancó con Nole desatado, ejecutando golpees de un lado a otro sin dejar respirar a un Nadal totalmente desbordado y sin soluciones con las que afrontar los juegos. Fue 6-2. Los presagios no eran buenos. Pero Nadal es Nadal y no bajó los brazos, jugó un gran segundo set, siempre por debajo, siempre a contracorriente y aguantó hasta el cuatro iguales donde el serbio volvió a incrementar su precisión y mandó al de Manacor a la lona nuevamente.6-4. Nadal se arremangó, tiró de épica y buscó la gloria dando un paso hacia delante en su tenis. Cuando se vio “break abajo” en el tercero decidió que era el momento de ser agresivo y empezó a intentar mandar. Desde ese instante vimos un tercer set memorable, una hora y cuarto de delicioso tenis, de golpes a las líneas, de passings imposibles, de globos ganadores…de todo, de un lado y del otro. Un set para la historia. Y se lo llevó Rafa, en un tie break donde volvió a bordar el tenis y desarmó al serbio durante un instante. Pero no fue suficiente. El físico no le aguantó a Rafa y sus isquiotibiales se resintieron pasadas las cuatro horas de correr, correr y volver a correr. Nole no bajó el pistón y aplastó a Nadal en el cuarto set con un contundente 6-1. Pleitesía para el campeón, admiración para el finalista.

De lo que nadie tiene ya ninguna duda es de la fuerza mental de un Nadal, que una vez más volvió a unir a España. Anoche, todos eramos Nadal, todos coreabamos el VAMOS RAFA!!, todos vitoreamos cada golpe ganador de Nadal y todos aplaudimos cuando Rafa, exhausto, hincó la rodilla ante el número uno del mundo. Un antiguo refrán lo decía “Cuando uno da todo lo que tiene, no está obligado a más”. Rafa dio todo eso y más si cabe para intentar derrocar a su último reto, a su última pesadilla. No lo pudo hacer pero promete seguir luchando. Todos sabemos que será así. Que viva el tenis y que llegue pronto Australia 2012.

 

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