“Mi nombre es Lestern Burnham….y ésta es mi vida”

Mi nombre es Lestern Burnham. Este es mi vecindario. Esta es mi calle. Esta es….mi vida. Tengo 42 años y en menos de un año estaré muerto”. Ese es el sorprendente y ambicioso comienzo de American Beauty, una de las películas mejor valoradas de los últimos tiempos, y es esa la forma en la que conocemos a nuestro principal protagonista, y también héroe, Lestern Burnham (Kevin Spacey). Antes de entrar en matería podemos afirmar que la película consagró a San Mendes como director y al propio Spacey, que ya había destacado con “Sospechosos habituales” pero que encontró el Oscar y la consagración con esta obra maestra.

Lestern Burnham se nos presenta como un triunfador, redactor de una prestigiosa revista y que vive con su mujer y su hija en un precioso chalet en una urbanización, sin embargo, en su monólogo inicial el protagonista ya nos enseña todo lo contrario, indicando el tema principal de la cinta, la crítica al “American way of life” (estilo de vida americana). Lestern vive sabiendo que tanto su mujer como su hija no lo soportan, cada una por un motivo diferente. La primera de ellas porque vive obsesionada con su trabajo como vendedora en una inmoviliaria y que además tendrá una ventura con uno de sus competidores, al que se le considera como el número uno en su sector. Su hija, por otra parte, es una adolescente que vive aislada de su familía y peleada con el mundo como cualquier adolescente pero que reniega de la figura paterna, e incluso, en una escena de la película afirma rotundamente “que le gustaría ver muerto a su padre”.

Podemos deducir facilmente que American beauty es una historia sobre personas comunes y que viven una serie de situaciones comunes cuyas soluciones también lo son. La historia en sí comienza con dos acontecimientos casi simultaneos que cambiaran el devenir de nuestro protagonista. En primer lugar, es despedido de su trabajo por una reducción de plantilla y a su vez Lestern conoce a Angela, una compañera de colegio de su hija Jane cuyo único objetivo en la vida es su interés en el sexo opuesto, por la que rapidamente sentirá una gran atracción. Y junto a todo esto se produce la llegada al vecindario de una nueva familia con la que termina la presentación de todos los personajes. El ex coronel Frank fitts, su mujer Barbara en estado casi vegetativo y su hijo adolescente Ricky, que es presentado como un chico ciertamente enigmático y que pronto mostrará su interés en Jane.

La película nos va presentando un cambio de registro en el protagonista desde el principio, sin embargo, éste no llegará hasta que no es despedido por su empresa, ahí nos deja una de esas frases para el recuerdo “sólo soy un tio corriente sin nada que perder”. Toda una declaración de intenciones. Pero la historia no sólo habla de la crisis de la mediana edad en Estados Unidos, la cinta muestra todos y cada uno de los problemas de una sociedad americana centrada en “guardar las formas”. Todos los protagonistas de la obra ocultan cosas, todos muestran una cara que no es la real y todas estas cualidades las cuenta de forma magistral Kevin Spacey, que engrandece más si cabe una historia redonda y perfectamente bien elaborada desde todos los puntos de vista y contextos.

Además del excelso papel de Spacey el resto de personajes están a la altura de las circunstancias. Caroline Burnham representa el fracaso de la mujer media americana, más preocupada de aparentar ser que de lo que realmente es, una mujer que odia a su marido, que apenas tiene comunicación con su hija y que persigue el éxito laboral como trampolín. Chris Cooper como el Coronel Fitts realiza un papel fantástico. Se nos presenta como un personaje unidimensional pero acaba siendo todo lo contrario. Resulta ser el bombazo de la cinta.

La otra parte de la historia la configuran los tres adolescentes, de tres personalidades totalmente contrarias. En primer lugar esta Jane, asqueada por la relación que mantiene con sus padres, cabreada con la vida y sin ningún objetivo aparente en la vida. Angela, que es mostrada como una adolescente preocupada por ser una modelo más y que fantasea constantemente con el sexo opuesto. Y por último Ricky Fitts, que tras su apariencia enigmatica y ocultista se encuentra un chico lleno de sensibilidad al que la cámara de video acompañará a todas partes. Sam Mendes se servirá de esta cámara de video y de una maravillosa fotografía para mostrarnos LA ESCENA de la película, la famosa escena de la bolsa, una radiografía de toda la película, una sencilla genialidad.

En definitiva, nos encontramos ante una obra de arte del cine de los últimos tiempos. Una película filmada de forma magistral, con la mejor fotografía que mis ojos recuerdan y con unas actuaciones sobresalientes, en especial Kevin Spacey, que nos deleita plano tras plano sin caer en la monotonía y haciendo un papel de héroe siendo realmente un antihéroe. Y la guinda del pastel es una banda sonora perfecta, bien utilizada y que te mete directamente en la película.

Pero sí, pongamósle un pero, no dura eternamente…

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