Rey de París, rey de la tierra

No quedan palabras ni adjetivos para describir lo que está consiguiendo Rafael Nadal. Lo de ayer es una nueva muestra de tenis, de pundonor y de superación de nuestro mejor deportista de todos los tiempos. A eso de las siete y media de la tarde Rafa yacía sobre la tierra parisina por sexta vez en su carrera y saboreaba su décimo Grand Slam con sus veinticinco años recién cumplidos. Además se aseguraba el número uno del mundo una semana más, la número cien en su carrera. Un ejemplo para el mundo y un orgullo para nuestro país.

Y todo esto tras quince días realmente complicados en la capital francesa. Nadal se presentó en Roland Garros con más dudas que nunca, con un rival como Djokovic que le había ganado las cuatro últimas finales disputadas y con sensación de vulnerabilidad, algo que nunca habiamos visto en Rafa en esta época del año. Con todas estas dudas en su cabeza Rafa arrancó el torneo con más pena que gloria, necesitando cinco mangas en primera ronda ante Isner, un rival menor para el manacorí. Mientras Djokovic exhibía galones Rafa pasaba rondas sin ser el Nadal de otros años. Pero llegaron los cuartos y regresó la mejor versión del español. Con el ogro Soderling enfrente Nadal tiró de repertorio y noqueó al último finalista en tres mangas presentando su candidatura al título. Sólo quedaba Murray en el camino para una nueva final. Y el escoces tampoco fue rival, otros tres sets y a su sexta final.

La cita prevista con Djokovic no se produjo porque por el camino del serbio se cruzo ese suizo llamado Roger Federer que acumula 16 Grand Slams y que el viernes por la tarde nos regaló un partido de época ante el serbio, que terminó llevándose en cuatro intensas mangas. Fue uno de esos encuentros que se recuerdan mucho tiempo y que trascienden de lo deportivo. Nole falló el día que no podía hacerlo, perdió la oportunidad de ser el nuevo número uno del mundo y liberaba presión en Rafa. Los dos colosos del tenis en el último lustro medirían fuerzas en una final que pintaba a histórica ganara quién ganase.

Y la final de ayer fue otra batalla entre dos leyendas del tenis. Un duelo que hay que saborear porque cada vez se va a empezar a ver menos. El suizo arrancó desatado, con una gran efectividad al servicio y dominando con su drive. Rafa era una sombra de sí mismo en el arranque sorprendido por la fiereza y el acierto del helvético. Con 5-2 a favor de Roger el suizo dejó pasar dos opciones para remantar el set y despertó a la bestia. Nadal comenzó a leer el partido de maravilla, se metió dos metros dentro de la pista y acribilló el revés del suizo una y otra vez hasta lograr la remontada imposible para apuntarse el primer set por 7-5.

Con Federer incapaz de comprender que había pasado Nadal empezó a marcar su territorio y a demostrar que el rey en París seguía siendo él. Abrió brecha en el marcador pronto y el suizo por momentos dio la sensación de tirar la toalla. Pero el orgullo de campeón y una inoportuna suspensión por la lluvia durante cinco minutos le sirvieron a Roger para volver a meterse en la final. Rompió a Nadal cuando éste se disponía a cerrar el set y obligó al manacorí a cerrarlo  en el tie break. En el juego decisivo vimos la enorme inferioridad mental de Federer respecto a su rival. En ningún momento se sintió capaz de mandar, no pudo imponer su juego y Rafa se llevó el set sin excesivos agobios en el momento cumbre. El décimo Grand Slam estaba a un paso, faltaba la puntilla.

Con Roger acorralado contra las cuerdas apareció sobre la Chattrier el mejor nivel del suizo. Se marcó un final de tercer set maravilloso, con un despliegue técnico inigualable y se apuntó la manga por 7-5. La central de Roland Garros era un clamor en favor del helvético. El inició del cuarto parecía un calco de lo anterior. Con 0-40 para Federer en el primer juego del set cambió el partido. Rafa sacó adelante su servicio y fue un ciclón desde ese instante, jugó su mejor tenis y destrozó a Roger por 6-1 para conquistar su sexto Roland Garros en siete años. Historia del tenis, leyenda del deporte mundial. Borg ya tiene sucesor, el mejor tenista sobre tierra batida de la historia tiene nombre y apellidos: RAFAEL NADAL PARERA.

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