La jungla de Cristal

“La Jungla de Cristal, Yipee Ki Yai hijo de puta”

Jungla de cristal (Die Hard) fue concebida como una segunda parte de Commando y sería interpretada nuevamente por Arnold Schwarzenegger. Éste acudiría al Nakatomi Plaza para visitar a su hija. Sin embargo Arnold se negó a interpretar este papel, como también lo hicieron Sylvester Stallone, Mel Gibson o Harrisson Ford. Así pues Mc Tiernan acudió a un joven Bruce Willis que hasta ese instante sólo lo habíamos visto en Luz de Luna y Cita a ciegas.

John Mc Tiernan, el que para mí es el mejor director en películas de acción, se sirvió de un fantástico guión en el que no sobra ni falta de nada y vuelve a brillar su movimiento de cámara como ya hizo en la famosa Depredador. Cada escena luce como la anterior y no sobra ninguna. Sus 131 minutos se nos pasan volando, sin descanso alguno para el espectador que empatiza con la película desde que conoce a nuestro héroe. Esa química entre John McClane y el público es mérito de un Bruce Willis fantástico, el clásico héroe americano, tan de moda por aquel entonces en películas como la propia Commando o Acorralado.

John McClane es diferente, y en esa diferencia recae parte de la magia de la jungla de cristal. Bruce Willis interpreta a un policía de Nueva York en trámites de separación y que viaja a Los Ángeles para intentar reconciliarse con su mujer. Y será allí, en el edificio Nakatomi cuando se desate toda la acción al apoderarse del edificio un grupo de terroristas y tomar por rehenes a todos los empleados de la multinacional en la que trabaja la mujer de McClane. Será Willis el único que logra escapar y esconderse entre el edificio.

Mc Tiernan nos muestra dos puntos de vista muy bien diferenciados, por un lado están los que viven la historia desde dentro (McClane, terroristas y rehenes) y los que la ven desde fuera (los policías), y por supuesto tenemos a All Powell como nexo de unión entre ambos. Reginald Venjohnson está sencillamente magistral en el papel de un policía atrapado por un complicado pasado que se identificará enseguida con un John McClane atrapado por sus problemas conyugales.

Poco se puede decir también del papel de Alan Rickman, que interpreta perfectamente a Hans Gruber, el malo de la historia. Son dos personajes antagónicos. McClane es bruto, desgarbado y maleducado, sin embargo Hans es todo lo contrario siendo un asesino despiadado. Entre ambos firman la mejor escena de la película cuando Gruber es sorprendido por McClane y se tiene que hacer pasar por un rehen que ha logrado fugarse. Desde este instante hasta el final la película es un tormento de adrenalina culminada con la muerte de Alexander Godunov a manos de All Powell firmando su redención con la vida.

La esencia de esta obra maestra del cine de acción reside en que después de más de dos décadas la película no solo no ha envejecido sino que en el revisionado de la cinta uno se da cuenta que sigue siendo igual de buena o mejor que en su época. Los actuales directores deberían captar el mensaje y dedicarse a filmar cine de acción como éste.

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