Camino a la libertad

Camino a la libertad, a un paso de la excelencia.

 

Peter Weir, el renombrado director que nos deleitó con el Show de Truman o Master and Commander, vuelve a la carga con esta superproducción basada en hechos reales (o tal vez no) donde destaca el buen papel de Ed Harris por encima del resto y donde se nos presenta la eterna pelea entre los límites del cuerpo humano contra la propia naturaleza. Weir nos presenta una obra basada en la fuga de un grupo de presos de un gulag siberiano a través de toda Rusia, Mongolia y el Himalaya. Un recorrido de miles de quilómetros donde la angustia humana es elevada a la enésima potencia. Donde el sufrimiento se convierte en rutina y donde las relaciones humanas prevalecen por encima del resto.

Lo cierto es que con las expectativas generadas la película nos deja un tanto fríos. Logra adentrarnos en la épica pero nunca consigue terminar de emocionar al espectador. Los personajes están correctos, tanto Colin Farrel como Jim Sturguess cumplen con nota, como suelen hacer mientras que el eterno Ed Harris está por encima del propio film, como ha hecho durante toda su carrera. Weir se sirve de este buen elenco de actores y de una fotografía excepcional para contarnos una gran historia, épica como ya hemos dicho pero que no termina de emocionarnos. Y este es un debe excesivamente grande para una película de este tipo. Es cierto que el director llega a fascinarnos con toda la épica que envuelve a la historia, sin embargo no llega a esa excelencia que le reclamábamos.

El gran problema de la película, amén de que no termina de emocionarnos, son las excesivas desventuras que sufren los protagonistas. La lucha constante contra la naturaleza está muy bien tratada, muy bien fotografiada. En todo momento somos conscientes del paso del tiempo y sus efectos. Vemos crecer las arrugas en los protagonistas, vemos a un Ed Harris maravilloso en el paso por el desierto del Gobi y vemos a una fantástica Saoirse Ronan, con la única que el espectador llega a sentir algo dentro. Sin embargo todo esto no es suficiente para deleitarnos y con su excesiva duración provoca en el espectador una especie de deseo de que termine el viaje. Un mal sabor de boca para una película que promete, que parece, pero que no logra la excelencia. Y es una pena.

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