Hace un tiempo la derrota de España ayer se habría convertido en debate de estado, en una revisión de las reglas del fútbol, de por qué se tolera a los equipos jugar con tanto extrangero, de que Barça y Madrid muy bien pero nuestra selección siempre fracasa. Hoy no. En 2010 esto ha pasado a la historia afortunadamente. España siempre se caracterizó por hacer lo que ayer nos hizo Portugal, es decir, ganar cualquier amistoso a cualquier equipo, deslumbrar al mundo con nuestro juego, ilusionar a la gente y cuando llegaba la cita importante estabamnos fuera antes de lo esperado y con cara de tontos. Ahora la historia es a la inversa. Los campeones del mundo de amistosos son otros, nosotros somos los de verdad.

En cualquier caso, tampoco hace falta tirar la copa al barro cada vez que saltemos a un campo. Somos la campeona del mundo y hay que ejercer como tal. Ayer los nuestros estaban a otra cosa, con la vista más en el clásico y en la liga que en el propio partido. Y claro, pues nos pasaron por encima, con un soberbio Ronaldo en la primera mitad, que dejó un no-golazo soberbio y con un gigantesco Nani en el segundo acto. Al final, 4-0 y el público acabó coreando con “oles” a los suyos. Mientras tanto españa seguía divagando por el campo sin pena ni gloria, con Villa perdido en ataque, Xavi lejos de su habitat natural y con Iniesta como única arma ofensiva. Portugal feliz por la victoria y a nosotros siempre nos quedará la cinta del once de julio.

Amén del fútbol la noticia del encuentro estuvo en la grada. Flaco favor le hizo el público portugués  a la candidatura ibérica de albergar el Mundial 2018. El estadio Da Luz presentó un aspecto paupérrimo, lamentable para ser el partido que era, ni media entrada registraba el campo. Y estabámos hablando de un partido entre una joven e ilusionante Portugal con Ronaldo a la cabeza contra la vecina y campeona del mundo selección española. Lo dicho, peor que el resultado fue el aspecto de las gradas. Un punto menos para el proyecto entre Portugal y España.

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