Gladiator

Gladiator, el legado de Russell Crowe

A Ridley Scott le llegó la gloria con dos obras de arte de culto como Blade Runner y Alien, filmadas ambar hace casi 20 años ya. Tras un buen parón el director norteamericano busco la gloria con dos películas de alto presupuesto como Tormenta blanca o la teniente O’Neill, pero fracasó estrepitosamente.  Poco después de estos dos proyectos cayó en su mano el guión de Gladiator, una auténtica golosina que Ridley Scott, sin llegar a convertirla en una obra maestra, consiguió recuperar el prestigio perdido.

El director recuperó el género de romanos, esa mezcla de película bélica y de aventuras situada en un contexto histórico muy definido. Ridley Scott redefinió el género que décadas atrás habían dado lugar a obras cumbre del cine como Ben Hur, Cleopatra o Espartaco. Después del enorme exito que alcanzaó la película despertó el interés en este género nuevamente y poco después de Gladiator pudimos ver grandes super producciones como Alejandro Magno, Troya o 300.

No hay que olvidar que la película es del año 2000, donde la cinematografía digital estaba ya muy desarrollada, sin llegar a ls niveles actuales obviamente. Sin embargo, al ver la película  y compararla con otras de su mismo año vemos que Ridley Scott no supo sacarle todo el partido a los efectos de la digitalización. En Gladiator observamos algunos defectos en ciertos planos aéreos asi como en la arquitectura romana. Y, siendo consecuentes con la historia, los hechos tampoco se cuentan con la fidelidad en la que ocurren, algo que si logró la serie Roma años más tarde.

La película en sí nos cuenta una gran historia, una historia épica que llega al espectador medio y lo hace salir ensimismado del cine, como también me ocrrió a mi, por cierto. Sin embargo, en el revisionado de la cinta se pueden observar ciertos errores de bulto de un Ridley Scott en baja forma. El director inicia la película con una batalla entre germanos y romanos donde ya podemos observar la fuerza que transmite el personaje de Máximo Décimo y donde vemos un primer fallo de puesta en escena colocando la imagén del emperador Marco Aurelio (gran trabajo interpretativo de Richard Harris) cada pocos segundos en mitad de la lucha.

Tras la batalla comienza la presentación de los personajes y rápidamente conocemos a Máximo (Russell Crowe), Cómodo (Joaquin Phoenix) y Lucilla (Connie Nielsen). Pronto presenciamos el paso de autoridad de Marco Aurelio a Máximo y el golpe de estado de Cómodo asesinando a su padre y autoproclamandose emperador de Roma. Cómodo manda asesinar a Máximo y a su familia para dirigirse a Roma como el verdadero emperador. Esta parte de la historia es brillante, crea emoción en el público. Por supuesto, Máximo escapará de la muerte y clamará venganza contra el nuevo emperador.

En los minutos siguiente presenciamos el gran debe de la película y de su director. Tras escapar milagrosamente de la muerte, Máximo viaja en caballo de nada más y nada menos de Germania a Hispania para comprobar nada más llegar que su mujer y su hijo han sido asesinados. Toda esta secuencia de imagenes las acompaña de un ritmo lento y de un estilo pausado que no transmiten al público lo que busca la película. Poco nos importa que hayan violado una y otra vez a su mujer y asesinado a su hijo. El espectador no termina de identificarse con el personaje, algo de lo que se tendrá que encargar un excelente Russell Crowe posteriormente. Luego, sin saber cómo, aparecen unos esclavistas en su tierra, cogiendolo y llevandoselo para que haga de gladiador. Nuevamente Ridley nos muestra unas imagenes que dan síntomas de que el director no sabe muy bien lo que está contando.

A partir de aquí la película mejora mucho gracias única y exclusimavente a Russel Crowe, brillante del minuto uno hasta el último. Es fuerte, es leal, es compasivo, es valiente…lo tiene todo. Sostiene el solo la película con una fuerza desmesurada. Russell Crowe se hace el dueño del personaje y le otorga verdad, esperanza y tristeza. Cuando más agua hace la película más fuerte aparece la figura de Máximo para convencernos de que estamos ante una gran obra, y ante un personaje que nos produce compasión por todo lo que ha pasado y está pasando.

A su lado Joaquin Phoenix hace un buen papel pero no está a la altura del malo que debería ser. Evidentemente tampoco le ayuda el guió que apenas le da oportunidades, mostrando unicamente su lado más psicótico, que nadie termina de entender muy bien. Tampoco tiene oportunidad de brillar excesivamente la guapa Connie Nielsen, que en muchos momentos parece una figurante más que otra cosa. Por eso, podemos decir claramante que el éxito de la película es unicamente del brillante Russell Crowe y no de un Ridley Scott que da la sensación de no disfrutar de lo que está intentando contar.

Luego, es cierto, que la cinta nos regala algunos momentos míticos, como esa primera conversación en la arena entre Máximo y Cómodo, donde vuelve a destacar la fuerza del protagonista y donde todos descubrimos cual será el final de la historia. Las batallas que nos muestra la película no son de la violencia que deberían ser, Máximo vence a todos los que tiene delante. Después de una dura batalla contra un célebre gladiador y un tigre el protagonista se une a una revolución contra Cómodo que no saldra bien. Traicionado y obligado a luchar de nuevo en la arena Máximo, medio moribundo mata al emperador Cómodo antes de morir para salvar a Roma convirtiendola en una República.

Después de su victoria ante Cómodo Maximo pronuncia sus últimas palabras antes de caer muerto sobre la arena del Coliseo. Es aquó donde comprobamos la fuerza del personaje, con el que nos hemos identificado por la fuerza que emana Russell Crowe durante las casi dos horas y media de metraje. En resumen, y como ya hemos dicho anteriormente, estamos ante una gran super producción y un enorme éxito de taquilla gracias a la interpretación del mejor Russell Crowe y a una historia, que si bien no está contada como debería, tiene una gran fuerza dentro de sí.

Además de todo lo contado, Ridley Scott cuenta con un Hans Zimmer en estado de gracia que nos deja una de las mejores bandas sonoras que se recuerdan en el cine. Con la canción de Now we are free sobre los créditos finales el espectador queda más que satisfecho de haber disfrutado de una película que ya jamás olvidará.


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