Supercampeón y líder

Tras un fin de semana de celebración por la conquista de la Supercopa de Europa la afición atlética se dirigió en masa ayer al Calderón con la ilusión de ver como su equipo les daba otra alegría. Y así fue. El Atleti empieza a oler a algo grande este año y lo va demostrando partido a partido y minuto a minuto. Ayer, en el estreno liguero los colchoneros dieron una lección de futbol magistral, con un mágico Agüero que se sacó una jugada estratosférica, un Forlan que sigue marcando goles a pares y un Reyes que hace del desborde su forma de vida. Al final, 4-0 y líder de la mejor liga del mundo. Y que dure.

El equipo de Quique salió como un ciclón al campo, mandando desde el primer momento, presionando arriba y llegando con peligro a la meta rival. Caprichos del destino fue Jurado, que a esas alturas de la película estaba ya más fuera que dentro del equipo, el que inauguró el marcador con un disparo potente y colocado de fuera del área que hacía enloquecer el Calderón, pero lo mejor estaba por llegar. Fue pasada la media hora cuando el “Kun” recibe un balón, levanta la cabeza y ve cuatro defensas. El argentino no se lo piensa, se va a por ellos, se cuela dentro del área, los regatea, uno tras otro y al final el balón sale rebotado y Forlán solo tiene que empujarla. 2-0. La parroquia atlética enloquecía en las gradas y los gritos de campeones, campeones retumbaban en el estadio. La fiesta y la algarabía ya eran plenas, y así moría la primera mitad, con el Atletico de fiesta y el Sporting asustado por lo que pasaba a su alrededor.

Tras la reanudación y con un ambiente que hacía tiempo que no se recordaba, el Atlético siguió empujando a un débil Sporting, que en todo momento se vio superado por las circunstancias y por un Atlético superior de principio a fin. Pero no fue hasta el minuto 62 cuando Forlan sentenciaba el partido tras una gran jugada colectiva entre Reyes, Ujfalusi y el uruguayo, que se marchaba al banquillo poco después con una enorme ovación a sus espaldas. Pero faltaba la guinda del pastel, lo sabía la afición y lo sabían los jugadores. Faltaba el cuarto y el liderato. Y terminó llegando, y además a lo grande. Lo marcó Simao en el 92 con un disparo desde la media luna del área que arrancó las telarañas. Quique sonreía, la afición volvía a entonar el “campeones, campeones” y los jugadores se miraban cómplices. Ser líder en agosto no significa ser campeón en junio pero que les quiten lo bailao.

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